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Rated: XGC · Book · Fanfiction · #2328963

Luchan contra Wario. Más amigos, enemigos y pies sudorosos para Toadette, Minh y Toad.

#1102230 added November 23, 2025 at 10:58am
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Capítulo 119 - Regusto amargo
El rítmico chirrido del trapo de Terro contra el escaparate de la dulcería era como un metrónomo para su dolor. Con cada pasada circular, volvía a aparecer el rostro de Penélope: la inextinguible esperanza en sus ojos durante su única conversación a escondidas.

«Más lista que todos nosotros», pensó. «Pero no lo suficientemente rápida».

Una sombra cayó sobre él. El guardia de la Banda del Azúcar Moreno acomodó su peso, y el látigo de cuero crujió. Terro se preparó para el azote.

Las luces parpadearon.

Entonces las puertas explotaron hacia adentro. Tres tiburones azules ensartaron al guardia antes de que pudiera parpadear. Jadeando, Terro retrocedió y tiró frituras al piso.

Uno de los tiburones le mostró los dientes. Terro trazó una estrella en el aire antes de juntar las manos.

—Arranca, niño —gruñó el tiburón.

—¿Eh?

—¿Tengo que repetírtelo? —gruñó, sacudiendo la cabeza hacia la puerta destrozada—. ¡Lárgate!

Terro no necesitó que se lo dijeran dos veces. Salió disparado. Afuera, el «paraíso» de la capitana Sirope se había sumido en el caos. La ciudad isleña, bañada por el atardecer, estaba llena de tiburones luchando contra varios monstruos de la Banda del Azúcar Negra mientras los robots corrían de un lado a otro sin rumbo.

—¡Oye, niño!

Una mano lo hizo girar. Era uno de la gente hongo.

—El hijo de Almara, ¿verdad? —Toad empujó a Terro detrás de él y disparó una bengala a un pirata.

—Usted es… —Terro fue interrumpido por la llegada de alguien más—. ¿Penélope?

—Vienes con nosotros, ¿sí? —Penélope puso las manos en las caderas con orgullo. Luego miró dentro de la tienda de dulces destrozada, y su sonrisa vaciló—. ¿Eso es… eso es papel tapiz de mi mamá?

—Mmm. —Toad echó un vistazo—. Chupando una paleta, parece de unos diez… Justo lo que esperaría de Sirope.

—Guácala… —A Penélope le tembló un ojo—. ¿Por eso le urgía tanto besarme?

—Con todo respeto, ¿podemos hablar de esto en otro lado? —preguntó Terro, mirando de reojo las lanzas y dagas de ambos bandos.

—Claro que sí. —Toad lo jaló y echó a correr por un callejón angosto. Salieron a otra calle, y Toad disparó una bengala a la cara de un Gaugau que cargaba contra ellos, sin perder el paso—. Penélope dijo que estuviste cerca de Sirope. ¿Aprendiste algo? ¿Alguna debilidad?

—¿Debilidad? —Terro negó con la cabeza, sin aliento—. ¡Me escapé de ella y me dieron una paliza por eso! ¡No peleé como un pirata! ¡Estaría muerto!

—Parece que pasó mucho tiempo contigo —jadeó Penélope—. ¡Tuviste que haber visto algo! ¡Piensa, por favor!

Treparon por una rampa retráctil. El barco ya empezaba a alejarse. En el timón, una figura enorme giraba la rueda, con expresión resuelta.

—¿Estarán bien? —le preguntó Toad—. ¿Sus hombres?

—Si caen, caerán con honor —replicó Jones—. ¡Pongamos rumbo a la isla Plenilunio!

Terro miró a su alrededor. La cubierta estaba abarrotada de niños acurrucados en mantas, todos bajo la mirada de Minh. Al otro lado de la cubierta, Toad se unió a Toadette, quien le dio una palmada de alivio en la espalda.

—Sesenta o setenta —dijo ella, jadeando—. Todavía quedan cientos en esa isla.

—Oye, por algo se empieza —replicó Toad.

—Disculpen.

Ambos voltearon. La expresión de Toadette se endureció por un momento al recordar la primera vez que vio a Terro. Se suavizó rápidamente.

—No sé si esto sea de ayuda —comenzó Terro, en voz baja—. Pero Sirope odia cuando no pelea uno contra uno.

—Ah, ¿sí? —preguntó Toadette—. Pero si se las arregló con Jones y Wario al mismo tiempo sin ningún problema.

—Pero en secreto lo odiaba —insistió Terro—. La vi entrenar con guardias gemelos una vez. Idénticos. No podía leerlos para nada. No dejaban de golpearla y se puso furiosa. Ella… Ella desprecia el caos que no puede predecir.

—Wario. —A Toad se le iluminaron los ojos—. Peleó contra él, pero no le ganó.

—Porque es completamente impredecible —terminó Toadette, mientras las piezas encajaban—. Lo que dice el chico tiene sentido. Mientras la mantengamos alerta, no podrá tomarnos la delantera.

—Pero al final venció a esos guardias —advirtió Terro—. No es una garantía.

—Hasta la más mínima posibilidad vale la pena —dijo Toadette. Acarició la máscara de Terro—. Pregúntale a Penélope.

Su caricia fue interrumpida por una presencia escalofriante. Yasmín se había metido entre ellos, con movimientos rígidos. Agarró el brazo de Terro con fuerza y tiró de él, alejándolo sin decir palabra.

—Yasmín, estamos en medio de…

—No me importa —dijo Yasmín con desdén.

—Arriesgamos la vida por ella, y nos sale con esas… —Toadette resopló.

—Está herida —murmuró Toad—. Déjasela pasar por esta vez.

Minh los vio desaparecer bajo cubierta. Enarcó una ceja y miró a Toad y Toadette; ésta se encogió de hombros. Luego les hizo un gesto rápido, pidiéndoles que vigilaran a los otros niños por ella.

Se giró y siguió a Yasmín y a Terro. Llegó al estrecho pasillo justo cuando se cerraba la puerta de un camarote, alcanzando a ver por última vez el cabello oscuro de Yasmín. Minh dudó antes de pegarse a la puerta. Entonces un sonido ahogado salió del interior: un sollozo contenido.

—No lo hagas —dijo la voz de Terro—. No tienes que disculparte. Esto no fue…

—¿Te viniste?

A Minh se le cortó la respiración. La franqueza la tomó por sorpresa.

—No lo sé —respondió Terro.

—¿Cómo que no lo sabes? —la voz de Yasmín se tensó—. Chingada madre, tenía que pasar justo cuando no estaba tomando mis pastillas. Si mi hermana se entera de que estoy embarazada, va a haber dos muertos, ¿me entiendes?

Minh enarcó una ceja. «¿Pastillas? ¿De qué está hablando?», pensó.

—Yasmín, el barco entero estaba temblando. Estaban pasando muchas cosas. De verdad no puedo saber qué pasó en ese momento. Lo siento.

El silencio era denso.

—Entonces voy a rezar —susurró Yasmín—. A ver si funcionan. La última sí funcionó.

—Cierto. Tu prima sí vino.

—Minh-Minh… —la voz de Yasmín se quebró—. No hago más que causarle problemas. Seguro desearía haberme dejado atrás.

Hubo otra pausa.

—¿Yo… te lastimé cuando estaba dentro de ti?

Minh se preparó para las lágrimas.

—No te ofendas, pero no la tienes tan grande como para lastimarme. Sólo duele cuando son largas. Entonces es como la muerte.

A Minh se le heló la sangre. La forma casual y comparativa en que lo dijo, como si tuviera una base de comparación, le provocó un escalofrío. ¿Qué podía saber Yasmín de eso? Por lo que Minh había entendido, Sirope era la única adulta que se había metido con ella, así que el tamaño no debería haber sido un tema de conversación. Una pregunta aterradora comenzó a formarse en la mente de Minh… una que no estaba lista para hacer.

Se alejó de la puerta tambaleándose justo cuando se abría. Se obligó a detenerse, fingiendo que apenas acababa de llegar.

Yasmín salió. Sus ojos se encontraron con los de Minh, y su cuerpo entero se puso rígido.

—Yas, espera. —Los dedos de Minh se cerraron alrededor del delgado brazo de su prima—. Todavía estás herida. ¿No crees que deberías estar descansando?

Yasmín forcejeó para irse. En su intento, algo se le cayó del pantalón. Minh se agachó a recogerlo. Miró la portada el tiempo suficiente para ver a un niño ángel sonrojado mientras una mujer mayor lo besaba en la boca. Curiosa, ojeó una página al azar. Se quedó boquiabierta.

Yasmín le arrebató el cómic, casi arrancando las páginas.

—Estoy bien. —Se miró la muñeca rota—. Lo siento. Por todo.

—No lo sientas —dijo Minh, tratando de forzar una sonrisa—. Oye, puedes contarme lo que sea, Yas. Lo sabes, ¿verdad? Siempre estoy aquí.

—Lo sé. —Yasmín dio medio paso atrás—. Pero estoy bien. En serio.

Se giró y se alejó, haciendo una mueca de dolor al sentir las heridas de su espalda. Mientras Minh la veía irse, la aterradora pregunta surgió en su cabeza.

«¿Yas ya estaba teniendo sexo antes de este viaje?».

***


—Mmm… Sabe deliciosa, capitana Sirope…

Lily gimió mientras lamía los dedos de Sirope, gruesos como paletas, y la pirata reía. Su nueva y juvenil forma hacía que este juego fuera divino. Estiró la espalda junto al estanque elevado que contenía el resplandeciente Vino de Renacer.

—Así es, monada —rió Sirope—. Entre los dedos… Cada suave y flexible grieta…

—¡Wah! ¿Todavía con esa basura? —Wario crepitaba con nueva energía etérea mientras sostenía la estrella—. No le veo el chiste a lamer un pie aburrido.

La risita de Sirope se convirtió en un ronroneo.

—Si supieras cómo tratar a una niñita adecuadamente, conocerías el privilegio.

—¿Quién dice que no me lo han ofrecido? —Wario se enderezó, tronándose el cuello—. Tengo a una maníaca llamada Mona que me rogó que se lo hiciera muchas veces. Pero sólo lo intenté una vez. Demasiado soso. Demasiada mermelada, poco ajo.

—¡Oye, demasiada información! —18-Volt hizo una mueca.

—Y aun así, esa chica se ofreció a hacérmelo a mí —rió Wario—. Me pareció igual de aburrido, pero al menos pude relajarme mientras ella ejercitaba esa lengua.

—Penny, ¿puedo usar tu bolsa para el vómito, por favor? —9-Volt sintió que el vómito le subía mientras Penny le ponía una venda nueva en un corte—. ¡Ahora!

—No.

—Qué mala eres —murmuró.

—O tal vez sólo soñé que lo hacía. Genial, ahora se mete en mis sueños —reflexionó Wario, pensativo—. Ni idea. Esa tipa no para de divagar y divagar, sin importarle si le presto atención o no.

—Sí, suena a la Mona de siempre. —13-Amp se burló, rascando continuamente a Maletín, que tenía cinta adhesiva en la boca—. Pero si alguien aquí merece ese tratamiento real de chupar dedos, soy yo.

—¿De dónde sale ese ego? —rió 18-Volt—. Hablas muy duro para ser la segunda mejor rapera de Ciudad Diamante.

—Sigue insultándome y mañana estarás al final de la lista. —Se dejó caer en una roca, meneando los dedos de los pies—. Uno: Tengo los pies más sexis de la zona. Gruesos, fuertes, carnosos y perfectos pa' tu persona. ¿Me pillas con una pedicura fresca y el zapato indicado? Papi, estarías de rodillas, rogando verlos de mi lado… Jejeje… ¡Jejeje!

—Tuvo flow, pero no fue tan gracioso —murmuró 18-Volt—. ¿Estás bien?

—Espera… Tengo fans aquí —se rió, levantando los pies.

Se miró los pies. Un escarabajo seco le hacía cosquillas en la planta izquierda. Su rostro se calmó. Pero en el derecho, una babosa se deslizaba entre sus dedos. Un escalofrío le recorrió la espalda y su risa aumentó. Una vez que descendió a su planta, haciéndola chillar más fuerte, finalmente la quitó de un manotazo.

—Dos —respiró, limpiándose la baba en los pantalones—. Mientras ustedes se vuelven locos, yo soy la única que se mantiene real. Así que sí, creo que merezco el mejor trato.

—No eres mejor que el resto de nosotros —insistió 9-Volt.

—Ay, sí que lo soy. —Señaló a Penny con el pulgar—. Miren. Penny y yo destacamos porque tenemos cerebro. Estamos aquí leyendo novelas mientras ustedes sufren con las vocales todavía.

—13-Amp. —Penny se estremeció—. ¿Estás segura de que no quieres atención médica adecuada?

—¡Oye! ¿A quién le metieron cuatro tiros de perdigón a los siete años y sobrevivió? —13-Amp hizo una pose dinámica—. ¡A esta nena! Además, no es como que tengamos a nadie de quien…

—¡Capitana! ¡Capitana Sirope! —Un Penkoon frenó en seco, frenético—. ¡Un navío grande se acerca a la isla! ¡Es el Aleta de Poseidón!

Sirope extendió la mano, deteniendo a Lily mientras sus dedos se crispaban en la boca de la niña.

—¿Y por qué tan agitado, imbécil? Les falta su poderoso capitán.

—¡Negativo! ¡Está en el timón!

—¿Qué? —Sus diminutas uñas rasguñaron el paladar de Lily—. ¿Escapó? ¿Pero cómo?

—¡Apunta eso, enano! —le rugió Wario a 9-Volt—. ¡Ahora sabemos que hay que mantener los altos estándares de las prisiones de Ciudad Diamante, no cualquier tontería que deje escapar a un tiburón!

—Cállate —gruñó Sirope. Marchó hacia su tripulación, pequeña pero furiosa—. Destrúyanlos a todos.

—Espera, enana. ¿Con tu tripulación? ¿La misma que Toadette y esos payasos seguro destrozaron? —espetó Wario. Le hizo un gesto a 13-Amp—. Rata callejera, les toca otra vez. Maten a ese capitán e incapacita a los Toads. Mantengan viva a la niñita de Peach también. Más les vale no fallarme esta vez.

—¡Fuerte y claro! —El cuerpo de 13-Amp comenzó a brillar de color rosa—. ¡Muy bien, vamos pa’ el segundo round! —Levantó a Maletín—. O vas a abrirte, o te vamos a tirar al océano, maleta. Tú eliges.

—¡Penny, únete a esos tontos! —ladró Wario—. ¡Muévete! ¡Dales apoyo!

Penny dio un brinco tan fuerte que su portapapeles golpeó contra la bolsa de suministros. Corrió para alcanzar a los Volts con los ojos muy abiertos.

Wario los vio irse, exhalando una nube de miasma verde y nocivo.

—Incluso si esos ineptos fallan, estaré aquí para terminar el trabajo. ¡Este poder… es incluso mayor que el que me dio la primera estrella!

***


El Aleta de Poseidón atracó silenciosamente bajo un acantilado en la isla Plenilunio. Jones, Toad y Toadette fueron los primeros en bajar por la rampa. Jones sostenía su tridente en alto para que las puntas captaran la luz de la luna.

—Años desde la última vez que puse una aleta en esta roca maldita —murmuró Jones con la mirada barriendo la densa vegetación—. A la fuerza de defensa del reino le gusta bastante realizar sus entrenamientos en este lugar. Puede que haya confiscado algunos artefactos curiosos de campamentos abandonados en el pasado.

—Interesante. Nunca me destinaron a ninguna isla tan al sur —señaló Toad, estirando los brazos.

Estalló una discusión en la cubierta del barco.

—¡Yas, no vas a ir! —A Minh se le quebró la voz.

Penélope y Yasmín bajaron corriendo por la rampa, con Minh aferrándose desesperadamente a los hombros de Yasmín.

—No voy a pelear, Minh-Minh —insistió Yasmín, soltándose—. Y no soy estúpida. Sólo quiero un asiento de primera fila para cuando ese monstruo sufra.

—¡Si te pones tan cerca del peligro, entonces sí eres estúpida! —Le temblaron los labios al ver a Yasmín boquiabierta—. Ya has pasado por suficiente. Es más seguro en el barco. Quedémonos. ¿Por favor?

Yasmín negó con la cabeza.

—No tenemos tiempo para este drama —gimió Toadette—. Si Penélope y Yasmín quieren correr el riesgo, que así sea. Pero chicas, si vienen, más les vale estar listas para reaccionar cuando llegue el momento. ¿Entendido?

—Sí, señorita —dijo Penélope. Forzó la cabeza de Yasmín arriba y abajo.

—Entonces pongámonos en marcha. —Jones ajustó el agarre de su tridente.

El grupo de seis se aventuró más profundo; el camino se volvió rocoso y empinado rápidamente. La flora selvática en descomposición le daba escalofríos a Toadette. Peinaron la zona durante minutos hasta que una roca afilada aterrizó a cierta distancia de las botas de Toadette, levantando tierra.

—Miren quiénes decidieron aparecer de nuevo —se burló una voz familiar desde arriba—. Ya se tardaban, perdedores.

El grupo miró hacia arriba. Encaramadas precariamente sobre un arco de piedra, recortadas contra el cielo oscuro, había cuatro figuras. 13-Amp estaba en el centro, flanqueada por 9-Volt y 18-Volt. Escondida un poco detrás de 13-Amp estaba Penny.

—Wario está ocupado ahora mismo —anunció 13-Amp, sacudiendo su cabello plateado como una diva de escenario—. Pero dejó a su mejor escuadrón aquí para barrer la basura.

—Bien —dijo Toad—. Él puede esperar. Esto será un buen calentamiento.

—¿Sigues enojado porque te aplasté tu piecito? —La voz de 13-Amp se tornó burlona.

—Estás a punto de desear haber roto el otro. —Toad entrecerró los ojos—. Minh, tú y las chicas pónganse a cubierto. Nosotros nos encargamos.

—¿Recuerdas cómo salió eso la última vez? —preguntó Minh.

—Relájense —gritó 9-Volt desde arriba, girando su arma—. Sólo somos nosotros, no unas ratas gigantes para secuestrarlas. Así que no interfieran, y no tendremos que bajarles los PV a uno.

—Aunque pensándolo bien, puede que tenga que darle a la mocosita amarilla de ahí —ronroneó 13-Amp, fulminando a Penélope con la mirada—. Me jodió las sandalias. Y no me salieron baratas.

13-Amp levantó entonces a Maletín. Los nervios de Toadette se tensaron.

—La caja estúpida no quiere abrirse para nosotros. Dice que sólo lo hará si ustedes quieren. —Lo lanzó por el borde, haciendo que se atascara entre dos rocas—. Así que prepárense para hablar cuando esto termine.

—¡Empecemos! —18-Volt estrelló su estéreo contra el arco. Un pulso sísmico destrozó la piedra, haciendo que surfeara sobre los escombros.

—¡Ahí viene! —gritó Toadette, empujando a Minh—. ¡Corran!

18-Volt golpeó el suelo y cargó como un toro. El tridente de Jones se encontró con su hombro con un sonido metálico vibrante.

—Oye, ¿qué te parece mi nueva canción? —18-Volt subió el volumen de la música. Un cono visible de sonido vaporizó el aire donde había estado la aleta de Jones. Jones clavó las puntas del tridente profundo en la bocina. 18-Volt sonrió, agarrando el mango para lanzar al tiburón a la nada.

Jones soltó una carcajada, aprovechando el impulso para dar una voltereta en el aire. Su aleta caudal se estrelló contra el pecho de 18-Volt, lanzando al chico contra la pared. Una roca suelta lo siguió, golpeando contra el cráneo de 18-Volt. Se desplomó, gimiendo.

Jones les dedicó a los otros dos una sonrisa llena de dientes.

—9-Volt, ¿qué estás esperando? ¡Métete ahí! —espetó 13-Amp.

—¿No vas a ayudar? ¡No puedo pelear contra ese tipo yo solo! —chilló 9-Volt.

—No vas a lidiar con ese capitán —dijo Toadette, dando un paso adelante. Sacó su martillo—. Sólo nosotros dos, friki de los juegos. Otra vez.

—Bien. —Él soltó un suspiro de alivio—. Al menos es sólo la idiota.

Sostuvo su espada Wiimote. Luego sacó algo más. Toadette miró confundida mientras una pistola apuntaba directamente hacia ella. Era un Zapper de NES. Un rayo rojo se cargó y se disparó en su dirección.

—Por favor. Eso es patético. —Toadette saltó sobre la explosión, escalando la pared del acantilado y aterrizando en el arco. 9-Volt jadeó. Cambió de nuevo a su Wiimote mientras ella cerraba la distancia. 13-Amp saltó lejos, flotando.

—¡Oye, fea! —El pico de Toad rozó el talón de 13-Amp. Ella soltó un grito, y la ira aumentó al ver el pequeño pinchazo rojo en su talón.

—¡Ya me harté de ustedes! —Saltaron chispas de electricidad mientras lanzaba un rayo.

Toad esquivó la magia, cortando el aire rápidamente. La acorraló con sus tajos. Con un grito, ella logró empujarlo lejos.

Él sonrió, usando la punta de su pico para frenar, rebotar en una roca y aterrizar con estilo.

Fingió un golpe por encima de la cabeza antes de propinar un corte real en la espalda de ella. Mientras ella se giraba lentamente, él le barrió las piernas, estrellándola boca abajo y inmovilizándola.

Luego le levantó las piernas. El olor a marea baja y queso rancio lo golpeó al instante.

—¡Quítate de encima! —Se retorció hasta que sintió algo arrastrarse por su pie. Se sentía como una araña. Resopló y finalmente soltó una risita aguda.

—Ahora entiendo —dijo Toad, moviendo sus dedos rápidamente por todas sus plantas expuestas—. Tienes talento mágico, pero ése es tu único truco. Sin ese dolor de cabeza que llamas música para potenciar tu poder, no eres más que un perezoso.

—¡Jódete! —gritó 13-Amp. A pesar de su situación, comenzó a invocar más energía—. Prueba mi… ¡Jajajaja!

—¿Prueba? —Toad recordó cuánto se retorcía Toadette cuando Minh le lamía los pies.

«Que me parta un rayo si pongo mi lengua en el pie de esta chica». Pero cuanto más resistía, más fuerte parecía volverse ella. Incluso con su peso sobre su espalda, su magia comenzó a levitarlos del suelo.

Miró a su alrededor, esperando que nadie viera esto en medio del caos.

Cerró los ojos con fuerza y aplastó su cara contra la planta del pie de ella. Estaba cálida y húmeda por el terreno de la isla. Con un gemido bajo, deslizó su lengua a lo largo de la curva sucia de su arco.

El cuerpo de ella se puso rígido; sus dedos se separaron.

—¡Guácala! ¿Acabas de…?

Toad no se detuvo. Metió la lengua en la grieta almizclada entre sus dedos carnosos. Sabía a sudor podrido, hierba húmeda y minerales terrosos. Como si buscara un tesoro, hundió la lengua más profundo en el abismo, moviendo la punta.

13-Amp chilló a todo pulmón.

—¡Basta! ¡Es demasiado baboso! ¡JAJAJAJAJA! —Apretó los dientes—. Chico, te voy a… ¡Gah! ¡Jejeje!

Sus dedos echaron chispas, pero la magia chisporroteó. Su cuerpo entero fue presa del lameteo incesante.

Toad arrastró la lengua en una línea continua y babeante de izquierda a derecha. Se aseguró de tocar cada dedo, metiéndose cada dedo mugriento en la boca por un segundo antes de deslizar la lengua por la brecha salada.

Sin embargo, buscó minar su fuerza aún más; rascó un punto particular debajo de sus dedos. A 13-Amp se le salieron los ojos, y golpeó el suelo.

—Voy a… Voy a… ¡Jajajaja! ¡Suelta mis pies, fenómeno de hongo!

—¡Con gusto! —En un movimiento rápido, le torció el tobillo.

La risa de 13-Amp se cortó en un jadeo profundo. Toad le dio un buen momento para procesar el dolor. Luego tomó el lado romo de su pico y la golpeó en la nuca. Cayó inerte, sus pies pesados finalmente cayendo a la tierra.

—Pata por pata —dijo con una risita baja. Luego se bajó de un salto, limpiándose frenéticamente la lengua en la manga—. Qué asco… Me va a saber a atún podrido toda la noche…

Cerca de allí, 9-Volt y Toadette cayeron en picada desde el arco destrozado. 9-Volt disparó a quemarropa. Toadette dejó que su martillo recibiera el impacto, haciendo que brillara rojo por un momento. Un grito salió de la boca de 9-Volt. Toadette le clavó el martillo en el estómago. Aterrizó en un charco poco profundo, con las piernas sumergidas y el cuerpo seco descansando contra una roca.

Toadette aterrizó con la bota en la entrepierna de él.

—Se acabó el juego, perdedor.

—No se vale… ¡Hiciste trampa! —Soltó un gemido—. Mi Zapper debería haber…

—Tal vez mi martillo es más fuerte que una estúpida pistola de videojuego. —Toadette retiró la bota—. Sé listo como Penélope y trata de actualizar tu tecnología, nerd.

Antes de que 9-Volt pudiera protestar, fue golpeado por un hedor abrumador. Era un almizcle agudo y penetrante, el resultado de días pasados en alta mar sin una ducha adecuada. Jadeó mientras el aroma tóxico llenaba sus pulmones. Su voluntad de pelear se evaporó, reemplazada por el mareo.

Sus ojos se pusieron en blanco, con un leve ceño fruncido en el rostro mientras se desmayaba por completo.

—Buenas noches —cantó ella, pellizcándole la mejilla con los dedos de los pies.

Penélope, Yasmín y Minh salieron con cautela.

—Apenas vi lo que pasó —susurró Minh—. Fuera lo que fuera… fue rápido.

Toad y Toadette chocaron las manos. Toadette soltó una risita.

—Buen trabajo, Toady. Realmente te metiste en esos deditos regordetes, ¿eh?

—Cierra la boca. —Toad tuvo una arcada—. Fue una decisión táctica, Toadette.

—Mmm-hmm. Táctica. Qué curioso que tengo que rogarte para que te pongas tan táctico conmigo. —Presionó su bota contra la de él—. Ahora que sé que estás dispuesto a hacer eso para callar a alguien, voy a empezar a quejarme día y noche.

—¿Y en qué se diferencia eso de ahora, genio? —se burló él, girándose para ver a las otras tres acercarse—. Todo bien por aquí, chicas. ¿Seguimos?

—Esperen un momento. ¿Dónde está la cuarta matona? —preguntó Jones, escaneando sus alrededores—. Había otra moza.

Penny, que había caído del arco cuando 9-Volt y Toadette lo destruyeron, de repente soltó un grito desgarrador.

—¡Monstruos! ¡Lastimaron a mis amigos! —chilló, con la voz temblorosa. Puso un dedo en el cuello de 13-Amp, comprobando el pulso por menos de un segundo. Luego agarró su gran bolsa—. ¡No dejaré que se salgan con la suya!

Entonces balanceó la bolsa hacia arriba y hacia afuera.

—¡No se atrevan…! ¡No van a quedarse con estos objetos raros que mis amigos robaron legítimamente en Ciudad Champiñón! Son para nosotros los Diamantinos, no para ustedes… ustedes… ¡sucios y antihigiénicos masacotes!

Pero no salió nada de la bolsa.

Jadeó, abriendo la cremallera torpemente y arrojando el contenido —un puñado de Setas Vitales y algo de equipo médico— directo al suelo cerca de Toadette y Toad. Los objetos de recuperación aterrizaron con golpes secos.

Los ojos de Penny pasaron del trío de hongos al sospechoso Jones. Miró a Toadette a los ojos.

Toadette entendió al instante. Le devolvió el gesto con un rápido asentimiento, manteniendo el rostro neutral. Penny asintió de vuelta y soltó un último grito infernal de desesperación.

—¡Maldita sea! ¡No seré derrotada por una apestosa cabeza de espora! —Con un gesto dramático, se golpeó la cabeza contra una gran roca, lo suficientemente fuerte como para causarse un moretón masivo. Luego cayó dramáticamente en un parche de helechos densos y aterrizó con un gemido de dolor.

Toad miró estupefacto las Setas Vitales a sus pies, y luego a Penny.

—Hmph. Gracias por devolver nuestros objetos —dijo, recogiendo una Seta Vital. Mordió su textura dura. Luego se la tragó entera y sintió que sus heridas anteriores se desvanecían—. Perfecto…

—¿Qué tal si se las damos a los que más lo necesitan? —se burló Toadette, entregándole una a cada una a Penélope y Yasmín.

—Oye, la última vez Penélope me ignoró. Me debían una.

Jones soltó un rugido poderoso mientras se comía una de un bocado.

—¡A máxima potencia! ¡Tal como debería estar!

—¿Ahora dónde diablos están Sirope y los demás? —preguntó Toadette.

—Hay una pequeña… cueva… —gimió Penny, sorbiendo por la nariz—. Las ratas la hicieron más grande ahora. Deberían seguir ahí…

—Gracias —susurró Toadette. Luego alzó la voz—. ¡Qué lástima que tuviera que sacarte esa información a golpes, señorita científica! ¡Vámonos, chicos!

Mientras continuaban avanzando, una pequeña y dolorida sonrisa apareció en el rostro de Penny.

***


—¿Terminaste de jugar con tus pies estúpidos? —preguntó Wario, en su flexión número dos mil—. Estoy listo para concentrarme en mi siguiente objetivo.

—¿No tiene ese chiquillo tu radar? —replicó Sirope, metiendo y sacando los dedos de los pies de la boca obediente de Lily—. Mejor esperamos hasta que regresen para darnos las buenas noticias antes de irnos.

—Cualquier cosa con tal de retrasar mi agenda, ¿eh? —Él gruñó.

—Mmm… La chica es una flor marchita a estas alturas. Pero esos chicos, ¿especialmente el más pequeño? Mmm… Seguro que no te importaría si los probara una vez que regresemos a la isla Cocina…

—Ambos son hiperactivos —gruñó Wario—. Si están dispuestos, sírvete. Sólo no los rompas. Los soldados rotos no me generan dinero.

—¡Díselo a los cuatro que duermen ahora mismo!

—Pero ¿qué…? —Los ojos de Wario se abrieron de par en par. Al ver a Toadette, casi se rompió los dientes al apretarlos—. Siguen… ¡Imposible! ¡Esos niños debieron haberles hecho trizas!

—Quizá necesitas mejor ayuda —dijo Toadette—. O simplemente somos invencibles.

Wario apretó el puño. Luego respiró hondo.

—No tengo razón para preocuparme. Sirope, son tuyos.

—¿Delegando el trabajo pesado a una delicada doncella? —Se alborotó su propio cabello—. Te llamaría indigno, pero claramente conoces el alcance de mis poderes.

Toadette se quedó helada. Penélope soltó un jadeo ahogado y enterró la cara en el costado de Minh. Sólo Yasmín permaneció fría, con su expresión inalterada. Sirope se pavoneó ante ellos con un traje de pirata hecho a la prisa, que recordaba al habitual. Sus pies descalzos rozaban el suelo de piedra. Meneó las caderas de lado a lado mientras sacaba su espada.

—¿Qué tal esto como un pequeño adelanto? —preguntó—. Lily, ve a esconderte. No quisiera que te lastimaras.

—Como ordene. —Lily desapareció en la oscuridad.

—¡Capitana! —Un Gaugau dio un paso adelante—. Permítanos…

—Retírense. Ninguno de estos lerdos está equipado para manejar a alguien de mi calibre. —Los señaló a cada uno—. ¡Tú!

Toadette enarcó una ceja.

Los pies de Sirope empezaron a moverse. Cargó hacia adelante con su espada, casi cortándole el hombro a Toadette. Toadette esquivó la siguiente serie de tajos, chillando al tropezar contra el estanque en el centro de la habitación. Sirope mojó su pie en el estanque y lo colocó sobre la cara de Toadette, arrugando los dedos.

—¡Inhala ese buqué! ¡El legendario Vino de Renacer! —Luego presionó su dedo gordo contra los labios de Toadette—. Una sola gota de este elixir, y podrías ser eternamente joven como yo. ¿Por qué elegir pudrirse cuando la conservación es una opción?

El cuerpo de Toadette tembló mientras los dedos de Sirope intentaban abrirse paso en su boca.

—¡Aléjese de ella, Sirope! —Jones desató su técnica de las Sierras gélidas. Uno de los copos de nieve afilados estuvo a una pulgada de rebanarle el cuello a Sirope. A pesar de la amenaza, ella apenas se inmutó. Parecía más molesta cuando miró hacia atrás. Pero esto no disuadió a Jones. Mantuvo su tridente apuntando hacia ella mientras rodeaba la habitación.

—Estás pidiendo a gritos que te mate, ¿verdad? —gruñó Sirope con tono juguetón—. ¿Listo para unirte a tus amigotes en su tumba acuática?

Esto le dio a Toadette la oportunidad perfecta. Sin usar su lengua, mordió con fuerza el dedo gordo de Sirope antes de que pudiera rodar y escapar. Sirope soltó un grito y se agarró el pie.

—¡Eso dolió! —gritó Sirope, blandiendo una bomba plateada.

Se la lanzó a Toadette, y explotó al contacto. Pero meramente la electrocutó en lugar de volarla por los aires. Sus ojos se abrieron a la fuerza al sentir que se le erizaban los pelos del cuerpo. Cuando golpeó el suelo, boqueó buscando aire.

Toadette hurgó en su bolsillo lentamente. Sirope soltó una risita.

—¿Qué harás, dama hongo? Te supero por completo. —Se apartó de Toadette y dejó que su mirada se detuviera en Penélope—. Y cuando termine de trapear la cubierta con ustedes adultos asquerosos, tal vez tenga la oportunidad de disfrutar de mi nueva propiedad como es debido… —Le guiñó un ojo a Penélope.

Penélope le hizo una pedorreta.

—Oh, cuanto más te resistes, más me gusta. —Sirope volvió a cacarear, pero el sonido se le atragantó a mitad de la respiración y se convirtió en un jadeo estrangulado.

Algo se movió dentro de ella.

Sintió algo reptar bajo sus costillas. Una presión se expandió en sus entrañas. Sirope se congeló, su postura se volvió rígida mientras cada músculo se bloqueaba.

El dolor venía de dentro, como si alguien hubiera vertido crema espesa en ella y hubiera dejado que se endureciera contra las paredes de su estómago. Sus nervios chisporrotearon con calor puro, cada oleada dejándola con la visión en blanco. Tuvo una arcada, pero su garganta se negó a ceder. Lo que fuera que residía dentro de ella estaba cavando más profundo, anclándose firmemente en su vientre.

Toadette dio un paso atrás. Todos los demás se quedaron perfectamente quietos.

Sirope cayó de rodillas con un golpe pesado. El sudor le perlaba la frente. Sus entrañas se contrajeron y expandieron en espasmos violentos, como si algo intentara desesperadamente abrirse paso a embestidas. Un gemido se escapó de sus labios antes de que su orgullo pudiera tragárselo.

—Duele, ¿verdad? —La voz de Yasmín flotó desde las sombras.

Sirope gruñó, o al menos lo intentó.

—Tú… ¡Tú…!

—Toda esa leche —reflexionó Yasmín, acercándose a paso lento—. Tragándola como si tuvieras sed en el desierto. La gula sí que es un pecado, ¿a poco no?

Una mirada de pavor cruzó el rostro de Sirope.

—Nuestra leche no es para ustedes. —Yasmín inclinó la cabeza—. Cuando está cruda, está repleta de esporas fúngicas. Miles de ellas. Saludable para nosotros, peligroso para los no-Toads. Los humanos necesitan desarrollar resistencia durante años si la quieren. Un sorbo a la vez. ¿Pero tú? —Soltó una risa entrecortada—. La trataste como si fuera vino fino.

Sirope se arañó el ombligo con fuerza suficiente para rasguñarlo. La carne allí estaba caliente y palpitante.

—Este cuerpo nuevo y más pequeño tuyo sólo hizo el proceso más rápido. —El tono de Yasmín se suavizó, volviéndose casi afectuoso—. Les dio a las toxinas menos espacio con el cual trabajar.

El estómago de Sirope convulsionó violentamente. A los sonidos de desgarro húmedo les siguió el chasquido agudo de algo partiéndose por dentro. Cuando su boca finalmente se abrió, la sustancia que se deslizó fuera era una maraña de filamentos pálidos y palpitantes. Se retorcían mientras diminutas gotas de pus lechoso rezumaban de sus puntas.

Ella los arañó en un pánico ciego, sintiendo la succión nauseabunda mientras tiraban contra su agarre.

—Eso es… ¿Eso es lo que pasa? —Penélope luchaba por respirar—. Guácala…

—Nunca había visto esto antes —susurró Minh—. Un poco de enfermedad puede pasar, ¿pero esto?

—Bebió tanto que su cuerpo ni siquiera puede intentar defenderse de las toxinas —bufó Toad.

Yasmín se inclinó lo suficiente como para que Sirope prácticamente pudiera saborear su aliento.

—Dime algo, capitana. —Su sonrisa se ensanchó—. ¿Soy dulce?

Sirope bramó de rabia, poniéndose en pie a tropezones. Yasmín se deslizó de vuelta a la oscuridad sin resistencia, dejando a Sirope fulminando a Toadette a través de la neblina de su dolor.

—Ven con todo lo que tengas. Vas a necesitarlo —dijo Toadette, con los pies plantados firmemente.

De su bolsillo, sacó una fruta roja: las Duplicerezas de la Selva Géminis. La advertencia de Almara brilló en su mente, pero apartó el pensamiento de un empujón y mordió profundo, tragándoselas enteras.

Un brillo agudo explotó hacia afuera. Todos los que miraban se quedaron petrificados por lo que vieron.

No había una, sino dos Toadettes. Las Toadettes se miraron de pies a cabeza, reflejando las acciones de la otra. Cuando una Toadette se agarró la trenza, la otra hizo lo mismo. Si una asentía, la otra asentía de vuelta. Juntas, se encararon a Sirope y sacaron un martillo cada una.

—¿Qué clase de juego es éste? —reflexionó Wario.

Los nervios de Sirope se crisparon. Su único ojo bueno iba de una a otra de las Toadettes idénticas.

—¿Qué pasa, Sirope? —preguntaron simultáneamente—. ¿Te gustaría ser toda una mujer otra vez?

—¡No… seré… burlada… por un vegetal demasiado maduro!

Con un grito feral, Sirope se abalanzó sobre ellas, saltando alto en el aire.



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Nota del autor:
Éste es el primer capítulo que no se ha publicado en la fecha prevista, el sábado. Simplemente tuve un día muy ajetreado y no quería publicarlo sin antes leerlo detenidamente. ¿Quién esperaba este giro con Sirope y la lecha materna de Yasmín?
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