\"Writing.Com
*Magnify*
Printed from https://shop.writing.com/main/books/action/view/entry_id/1106709
Rated: XGC · Book · Fanfiction · #2328963

Luchan contra Wario. Más amigos, enemigos y pies sudorosos para Toadette, Minh y Toad.

<<< Previous · Entry List · Next >>>
#1106709 added January 24, 2026 at 3:51pm
Restrictions: None
Capítulo 124 - Diplomada en humillación
Toadette se calzó a la fuerza sus zapatos bajos y abrió de un empujón la puerta de la habitación de Aminí.

—Ya nos vamos, chicas. Por favor, pórtense…

Dos bultos bajo las sábanas no se inmutaron. Pasaban de las ocho, pero la caminata de anoche las había dejado exhaustas. Penélope logró soltar un gemido y hundir la cara en la almohada.

—¿Las despertamos? —Minh se asomó al interior.

—No. Cuantos menos llantos, más…

—¡A levantarse! —Toad se abrió paso entre ellas y sacudió a ambas niñas hasta que se movieron—. Van a obedecerle a T. Aminí hasta que volvamos. Y que quede claro: nunca salgan del lado oeste del pueblo. ¿Entendido? —Esperó—. No las escucho.

—Como sea —gimió Yasmín, limpiándose la baba de los labios.

—Sí, señor. —Penélope se estiró—. ¿Ustedes van a estar bien?

—¿A qué no hemos sobrevivido, niña? —Giró sobre sus talones y flexionó los brazos—. Esto será pan comido.

—Suerte con lo que estén buscando —dijo Aminí con un suave saludo de mano.

—Gracias. —Minh le devolvió la sonrisa.

—¡Nos vamos! —Toadette cerró la puerta.

Una hora después, la puerta se abrió de golpe otra vez. Una Toadette cubierta de inmundicia entró pisando fuerte.

—Maldito pueblo…

—¿Se les olvidó algo? —Penélope levantó la vista de su DSi.

—Bueno, se entra a Villa Sombría por una tubería. Encontramos la tubería. —Toadette se limpió la mugre del sombrero—. Y luego nos rechazó.

—¿Los rechazó? —Aminí miró desde la cocineta—. ¿Como que los escupió?

—He visto tuberías tapadas antes. —Toad se cruzó de brazos—. Pero nunca he visto una que desarrolle conciencia y me rechace así.

Minh olfateó el aire.

—Se me antojan unos hotcakes después de todo eso…

Toadette se arrepintió de haberse saltado el desayuno. Si Amarillo tenía razón, en Villa Sombría sólo ofrecían dietas pobres. Adecuadas para ella, pero insostenibles con su cuerpo actual. Los adultos comieron hasta llenarse. El tenedor de Minh se cernió sobre el plato de Toad; él le manoteó la mano sin mirar.

—¿Cuántas porciones necesitas para sentirte llena? —preguntó.

—Estoy tratando de comer menos, ¿okay? —Minh miró su plato—. No es mi culpa que mi cuerpo necesite más. Créeme, quisiera que mi estómago se callara.

—Si tan sólo pudieras comerte lo que está bloqueando esa tubería. —Toadette se frotó la barbilla—. T. Aminí, ¿sabrías qué nos está deteniendo?

—Perdón, pero no me meto en áreas subterráneas. —Aminí vertió más jarabe sobre los panqueques de Minh—. Tendrían que preguntarle a alguien más.

—Más fácil decirlo que hacerlo —bufó Toad—. Todo el mundo en este pueblo quiere dinero por información básica. O favores especiales.

—¿No nos dio plata el maestro Kinopio? —preguntó Minh.

—Suficiente para mantenernos en una posada como ésta por una semana —dijo Toadette.

—Sin mencionar los costos del vuelo. Carísimos por reservar tan tarde. —Toad sorbió su café—. Se me están acabando las opciones. Estoy en blanco.

—Yo culpo a aquel pueblo por sus restricciones estúpidas. —Toadette tragó saliva—. Sólo tendremos que tener suerte.

Terminaron de desayunar en veinte minutos. Esta vez la despedida fue apropiada. Penélope se acurrucó en el pecho de cada adulto.

—Por favor regresen —susurró.

Yasmín sólo abrazó a Minh, quien deliberadamente se negó a besarla. Yasmín se le quedó mirando, esperando.

—Ésta podría ser la última vez que te vea. —Ladeó la cabeza—. Minh-Minh.

—Pero… —Minh suspiró—. Un piquito rápido. Rapidito, ¿okay?

—Sé lo que significan las palabras. —Yasmín se puso de puntillas y presionó sus labios contra los de Minh. Para horror de ésta, la lengua de Yasmín se introdujo en su boca, llevándose consigo una ola de baba. Con un gemido, se apartó y sonrió con suficiencia—. Tres segundos.

—Tú… —A Minh le temblaron los dedos—. Aún más rápido la próxima vez, ¿okay?

—Vámonos. —Toadette rodó los ojos y jaló a Minh a un lado—. Antes de que te ahogues con su saliva.

Yasmín entrecerró los ojos y levantó los dos dedos medios. Toadette le sacó la lengua.

Toad fue el último en irse. Le puso una mano firme en el hombro a Yasmín.

—La próxima vez que le faltes el respeto, acuérdate que casi se hace matar para que tú pudieras volver a casa de una pieza. ¿Me oyes? —La fulminó con la mirada—. Contesta.

—Me cae mal, por si no se nota. —Ella se cruzó de brazos.

—Pues ella ha sido la mejor amiga de Minh más tiempo desde antes de que tú nacieras. Va a pasar más tiempo con ella, te guste o no.

—¿Qué?

—Si de verdad amas a Minh, deberías dejar de estar tan obsesionada.

Yasmín rechinó los dientes. El enojo emanaba de ella; sus dedos de los pies presionaron contra el suelo.

—¿Por qué no le tiras a Penélope? Lo último que supe es que está disponible y es de tu edad, ¿no?

—¿Eh? —Penélope enarcó una ceja—. ¿Le acaba de decir que me tire?

—Con una flecha en forma de corazón, niña —rió Toad antes de mirar seriamente a Yasmín—. Demuéstrale a Toadette que no eres la princesa del incesto, ¿sí?

Le dio una palmadita al sombrero y cerró la puerta tras de sí.

Yasmín parpadeó. «No le estoy dando miedo… Y no es como si pudiera apagar el interruptor de mis sentimientos». Miró a Penélope, cuya cara estaba llena de confusión. «Ella no es Minh-Minh».

***


Afuera, Minh observaba las flores meciéndose en la brisa salada. «En cuanto terminemos, estaré de vuelta cuidando a mis bellezas. ¡Ay! ¿Le dije a mamá que pedí tierra nueva?».

—Aquí estoy. —Toad salió—. ¿A quién le preguntamos primero?

—Ni idea —gimió Toadette—. ¿Quién no se ve sospechoso aquí?

—¿Qué tal el clan Malpianta? —preguntó Minh.

—¿El clan Malpianta? —Toadette miró a su alrededor, esperando que ningún hombre de traje estuviese al alcance del oído—. ¿Te refieres a esos tipos de los trajes feos que «desaparecieron» a diez personas en dos minutos por toda Villa Viciosa? ¿Le vamos a pedir ayuda a esos tipos?

—No somos una amenaza. ¿Por qué nos odiarían si técnicamente también los estamos salvando?

—Toadette tiene razón. —Toad negó con la cabeza—. Ésta no es gente racional. Entramos ahí, y nos roban hasta los calzones o ponen precio a la cabeza sólo por diversión.

—Pues hemos llegado hasta aquí —dijo Minh, encogiéndose de hombros.

—¿Y cuando nos vinculen con tu familia? —replicó él—. ¿Tus padres? ¿Tu mascota? ¿Yasmín, que ahora vive bajo tu techo? ¿Quieres que les pinten un blanco en la espalda?

—Está bien, nada de juegos con la mafia. —La voz de Minh se volvía aguda—. Vamos a…

—¡Aléjense de mí, raritos! ¡Se los advierto!

Sus ojos siguieron el grito. La gente del pueblo se dispersó mientras una mujer joven se abría paso entre la multitud. Sus botas golpeaban el pavimento de piedra y, pisándole los talones, venían Goombas. Toadette se estremeció. Tres de ellos —uno con pico y otro con alas— la perseguían desde el distrito oeste.

—¡No podemos quedarnos aquí sentados! —gritó Minh, poniéndose de pie de un salto.

—Tranquilízate. Probablemente les debe dinero. Deja que los locales se maten entre sí. —Toad miró hacia la otra dirección—. Yo propongo que busquemos a cualquiera con lentes. Es más probable que sepa… —Se dio la vuelta—. ¿Chicas?

Sólo quedaba aire detrás.

—Cuando Wario nos gane en llegar a Villa Sombría, no me culpen.

En la plaza del pueblo, la chica derrapó hasta detenerse. El Paragoomba se balanceó frente a ella, bloqueándole la salida.

—Ya no tienes a dónde correr, nena. ¿Por qué huyes de los de tu tipo?

—Yo no soy de su tipo —bufó ella, sacando las manos—. ¿Ven? Tengo manos.

—¿A poco no? —El Goomba normal se inclinó, inhalando profundamente cerca de sus tobillos—. Seguro hueles como nosotros. Diablos, puedo saborear esas esporas en el aire. Vamos, relájate con nosotros; no andes corriendo por ahí.

—Sí, prueba una muestra de nosotros —dijo el Goompico (Goompincho), dándole un codazo en el tobillo—, y nos estarás rogando todos los días. Placer garantizado, mami.

La chica suspiró. Sus hombros se hundieron. Las sonrisas de los Goombas se ensancharon.

—Así que de verdad me conocen, ¿eh?

—Sí, mamacita —rió el Paragoomba.

—Entonces…

—¡Oigan! —Toadette irrumpió desde la entrade este—. ¡Alto!

De repente el Paragoomba voló hacia atrás, pasando disparado junto a ella. Se estrelló contra el pecho de Minh y golpeó el pavimento con los ojos dando vueltas.

—¿Qué fue eso? —Toad los alcanzó.

La chica misteriosa pisó al Goomba regular con su bota. Él chilló. Ella lo pateó de lado hacia un montón de basura; las moscas lo rodearon al instante, zambulléndose en su boca gritona.

—Tú… —El Goompico retrocedió, con los ojos ardiendo de furia.

—¿Quieres esto? —Se dio la vuelta y se agarró el trasero—. Ten. Penétralo, tipo asqueroso.

Él cargó con el pico apuntando directamente a su trasero mientras saltaba.

En esa fracción de segundo, ella dio una voltereta hacia atrás y lo atrapó en el aire con una patada violenta. Él rodó por el polvo. Antes de que dejara de rodar, ella le agarró el pie.

—¡Hasta la vista! —Lo arrojó dentro de un bote de basura abierto contra el bar. Un gemido patético resonó desde el interior del metal. Ella le hizo una pedorreta—. Como si supieras un carajo de mí.

Se frotó la parte trasera del talón de la bota, haciendo apenas una mueca. Entonces notó a los tres hongos mirándola fijamente.

—Van a atrapar moscas con la boca abierta así. ¿En serio pensaron que no podía encargarme de unos cuantos perdedores apestosos antes del desayuno? —Se pavoneó con confianza—. Bienvenidos a Villa Viciosa, el único lugar donde la basura se saca sola.

Toad entrecerró los ojos mirando sus dientes. Tenía colmillos.

—¿Qué eres exactamente?

—¿Cómo dices?

—No eres humana, no del todo. —Se inclinó más cerca—. ¿Eres algún tipo de Goomba mutada?

—¡Ding, ding, ding! ¡Tenemos un ganador! —Golpeó la medalla en forma de diamante prendida en su camisa. Al instante se encogió hasta toma la forma de una pequeña Goomba, completa con casco, cola de caballo y zapatos grandes. Toadette y Minh retrocedieron—. ¿Qué? ¿Nunca han visto una medalla Presión de Grupo antes?

—¿Medalla Presión de Grupo? —preguntó Toadette.

—De hecho, olviden eso. Es rarísima. Novatos como ustedes segura ni siquiera saben qué son las medallas. —Con una sacudida de la medalla, creció de nuevo a la mujer humana, estirando las extremidades—. Me ayuda a alcanzar estantes más altos en la biblioteca y a evitar ser reconocida por ciertos raritos por aquí. Bueno… la mayoría de los raritos.

—Puedes vestirte con piel humana, pero sigues siendo sólo una Goomba sucia —dijo Toad.

—Cuidado, chico hongo. —Su sonrisa se afiló—. Acabo de eliminar a tres tipos en un parpadeo.

—Y yo he sobrevivido a que me apuñalen dos veces —intervino Toadette—. No nos pongas a prueba.

—Uy, ¿tenemos aventureros aquí? —La mujer se acarició la cola de caballo—. Van tras unas estrellas, ¿eh?

—¿Cómo…? —Minh se puso rígida—. ¿Cómo supiste que…?

—Suerte. —Sus ojos se abrieron de golpe—. Santa mierda, ¿de verdad lo están haciendo? O sea, ¿en serio?

—El destino del mundo está en nuestras manos —dijo Toadette—. De algún modo.

—Ya veo. Sería la única razón por la que estarían en un basurero como éste. ¿Necesitan entenderle al subterráneo? ¿Boletos de tren?

—La tubería a Villa Sombría nos rechazó —admitió Minh—. ¿Sabrías algo de eso?

—Ay, esa tubería es lo peor. Hice un berrinche total cuando me rechazó. Estoy bastante segura de que le di migraña a Mario con todas mis quejas, pero…

—¿Mario? —Toad se cruzó de brazos—. Conque has trabajado con él.

—Su primera compañera, y tengo las cicatrices para probarlo. Me llamo Goomarina. —Los evaluó con la mirada—. Necesitan información sobre Villa Sombría, y yo la tengo toda. La pregunta ahora es: ¿qué están dispuestos a intercambiar?

—Tenemos dinero —dijo Toadette con rapidez—. Sólo que no mucho.

—Por favor, no quiero sus monedas. —La mirada de Goomarina se deslizó hacia Toad—. Además, ¿esos Goombas de allá atrás? Son más feos que un Don Pisotón costroso. Tú, por otro lado… —Lo rodeó como un tiburón—. ¿Haces ejercicio? Porque esos músculos se notan cañón.

—Me mantengo en forma.

—Treinta minutos. —Goomarina chasqueó los labios—. Tú, yo, mi habitación. Les diré todo lo que necesitan saber sobre Villa Sombría.

La cara de Toad se contorsionó.

—¿Te perdiste la parte donde eres una Goomba?

—¿Y? —Ella puso los ojos en blanco—. Ay, eres uno de esos Toads. Noticia de última hora, señor Altivo: para todos los demás, ambos somos hongos. Pero seguro, sigue actuando como si fueras superior porque eres más alto.

Toadette agarró el brazo de Toad.

—Necesitamos ayuda rápido.

—¿De una Goomba?

—Son treinta minutos de humillación —siseó ella—. ¿De verdad vas a hacer un berrinche, o quieres llegar a Villa Sombría?

—¿Se van a quedar ahí debatiendo prejuicios, o vamos a hacer esto? Me están matando los pies después de esa persecución.

Toad miró hacia el oeste. Estaban perdidos y no tenían guía. Con un gruñido, se dio la vuelta para seguirla.

***


La siguieron a una posada aparte encima del bar. El lugar parecía un riesgo sanitario. Había papeles cubriendo cada superficie de la habitación de Goomarina, apilados al azar en torres que se tambaleaban.

—Seis años de universidad finalmente terminados —explicó, quitándose las botas de una patada—. Me gradué de la mejor de la clase, así que se me permite ser desordenada. Estaré fuera de aquí y en el Reino Habichuela o Sarasaland dentro de un mes.

Se sentó en el colchón y se rascó la planta del pie, aún con calcetines.

—¿Dónde está el lubricante para que pueda terminar con esto? —preguntó Toad.

—No lo tengo. No lo necesitaremos.

—¿Qué?

Un suave sonido de rasgadura resonó en la habitación mientras los calcetines se liberaban de sus dedos. Pedacitos de pelusa negra se aferraban tercamente a su planta, especialmente entre cada dedo. Al flexionarlos, vio cómo la pelusa se movía antes de lanzar el calcetín hacia Toad. Antes de que tocara el suelo, una ola de hedor lo golpeó: duraznos agrios saturados de sudor. Abrió los ojos como platos; su expresión se congeló en incredulidad horrorizada.

—Oh, no.

—Oh, sí. —Goomarina meneó los dedos, esparciendo más pelusa—. Y ubícate. ¿Crees que de verdad te dejaría meterme esa cosa adentro?

Minh temblaba de risa reprimida.

—Esto se va a poner bueno.

La cara de Toadette se puso roja. Apretó el puño. Trató de convencerse de que era sólo por la misión. Sólo por obtener la información. No se trataba de ver si esta Goomba engreída podía hacer que Toad llegara al clímax cuando ella nunca podía con sus propios pies.

—Ustedes dos pueden mirar si quieren. —Goomarina se quitó el segundo calcetín, revelando otra planta cubierta de pelusa—. O no. Pónganse cómodas.

—Oh, definitivamente voy a mirar. —Minh se quedó mirando los dedos movedizos con ojos bien abiertos.

Toadette no fue capaz de hablar. Sólo asintió una vez.

—Bueno. —Goomarina sacó un cronómetro—. El reloj corre, chico hongo. Frótame los pies.

—¿Frotarlos?

—Hablamos el mismo idioma, ¿verdad? Sácame toda esa tensión.

Con un suspiro profundo, Toad se acomodó en el borde de la cama. Se quedó mirando sus pies descalzos. Sus dedos rozaron el talón y trazaron el arco antes de apoyar el pulgar en la almohadilla del pie.

—Inesperadamente suaves —dijo inexpresivamente—. Para una Goomba.

—Por supuesto. Cuido mi piel, genio. —Se reclinó—. Okay, están un poco sudados ahorita. Pero eso pasa cuando tengo que pisotear pervertidos toda la mañana.

Con esa revelación, Toad no pudo ignorar la humedad bajo sus palmas. El olor era fuerte, aunque ni de lejos tan rancio como sugerían los calcetines. A Toad le ardía la cara mientras amasaba el pie, sintiendo cada curva.

—Más fuerte —ordenó ella—. Puedo aguantar un poco de presión.

Presionó los pulgares en su arco. Ella soltó un gemido satisfecho que hizo que los muslos de Minh se apretaran.

—Ahora bésame los pies.

—¿En serio?

—Obvio. —Levantó el pie hacia su cara, sus dedos bailando hipnóticamente—. Bésame. Los. Pies.

Gimiendo, se inclinó hacia adelante y besó la almohadilla de su pie. El aroma se intensificó a medida que se acercaba.

—Buen chico —ronroneó ella—. Ahora los dedos.

Con cada beso, sentía la sensación salada y pegajosa del sudor y la pelusa en sus labios. Goomarina lo miraba divertida, deleitándose en su humillación.

—Abre la boca.

—No voy a meter eso en mi…

Empujó su dedo gordo más allá de sus labios antes de que pudiera terminar. De repente el sabor no estaba sólo en sus labios; estaba en todas partes. Era ineludible. El sudor concentrado mezclado con las fibras sueltas del calcetín creaba una textura imposible de ignorar. A Toad se le llenaron los ojos de lágrimas.

El resto de los dedos se deslizaron dentro, haciendo ruidos húmedos al amontonarse en su boca.

—Ay, mírate. —Meneó los dedos violentamente contra su lengua—. No pueden saber tan mal si no los has escupido todavía. ¿Debería ir más profundo? ¡Síp!

Toad trató de apartarse, balbuceando alrededor de la boca llena de dedos, pero Goomarina presionó más fuerte, silenciándolo.

Los ojos de Toadette se entrecerraron. A pesar de los sonidos de arcadas, un bulto distintivo se levantaba en los pantalones de Toad. Se crispó cuando Goomarina le clavó el dedo gordo en la garganta. Goomarina sonrió y sacó los dedos de su boca con un chasquido húmedo.

—Un minuto sólido. —Abofeteó su erección con la planta húmeda—. Supongo que de verdad amas el sabor de las alimañas.

Toad jadeó por aire.

—Suficiente de juegos previos.

—De acuerdo. —Goomarina miró su cronómetro—. Quedan veinticinco minutos. Vamos al evento principal.

Con fuerza repentina, empujó a Toad de espaldas contra la cama. Todavía estaba procesando lo que acababa de pasar cuando ella le rasgó los pantalones y le sacó la verga de un tirón. Ronroneando, flanqueó su verga con los pies.

Finalmente los juntó.

La presión lo golpeó de inmediato. Sus arcos lo envolvieron con fuerza, formando un agarre ferozmente intenso. En lugar de tantear con cautela, deslizó los pies arriba y abajo con audacia.

Toad jadeó. Aferró las sábanas con fuerza.



—Caray, qué caliente —susurró Minh desde su asiento.

—Ya la está sacando mejores resultados que yo. —Toadette se acercó más a ella.

—Ah, ¿sí?

—No puedo hacer que se venga con mis pies. —Su voz bajó—. Ya sabes, lo he intentado al menos dos veces, pero no pasa nada. Y tú hiciste que explotara en el camino.

—Oh. —Los ojos de Minh seguían cada movimiento de Goomarina—. Tal vez necesitas práctica. ¿Ves cómo le está metiendo todo el pie? ¿Cómo alterna la presión en las caricias? ¿Te fijas si tú haces eso?

—Sí. Es natural.

—No, no lo es. Requiere habilidad. —Señaló los pies de Goomarina, que trabajaban la verga de Toad más allá de sus límites. Su prepucio se estiraba hasta el punto de romperse—. Tienes que saber equilibrar lo suave con lo rudo.

Los arcos de Goomarina se flexionaron. La pelusa del calcetín convirtió su sudor en un lubricante arenoso. Cambiaba de ángulo constantemente, frotando las almohadillas de sus pies contra él. Luego estrelló los talones contra sus testículos. A Toad se le cortó la respiración. Trató de retroceder a gatas, pero el peso de ella lo mantuvo anclado.

—¿Adónde crees que vas? —se burló ella.

Lentamente transfirió todo su peso a los talones. Aplastaron sus bolas contra el colchón. Se le salieron los ojos.

—¿Sientes eso? —Goomarina miró hacia abajo, admirando su propio trabajo—. Músculo puro, chico hongo. Incluso en mi forma real… —Golpeó la medalla y se transformó rápidamente en una Goomba propiamente dicha. Le mandó un beso a Toad, riéndose por lo bajo, mientras él hacía una mueca de dolor—. Mis pies son más duros de lo que podrías imaginar.

—Me estás aplastando los huevos —jadeó él, con la voz más aguda de lo normal.

—¿En serio? Tal vez. ¿O simplemente tienes huevos débiles y diminutos?

Presionó aún más fuerte. La sensación oscilaba entre un dolor insoportable y una excitación alucinante. Toad sentía la vida drenándose de sus bolas, pero el peligro sólo servía para disparar su adrenalina.

—Podría reventarlos completamente si quisiera —dijo ella.

Puntuó la amenaza con un aumento repentino de peso. Toad gritó agudamente y jadeó por un segundo. Gradualmente la presión sobre sus bolas cedió.

—Pero no lo haré —rió ella. Volvió al disfraz humano—. No es una fiesta divertida si termina temprano, ¿verdad?

Luego aflojó y acarició el tronco con una suavidad burlona antes de acelerar de nuevo.

—¿Te gusta todo esto, chico hongo? —Su voz era entrecortada—. Sí, te gusta.

Toad era incapaz de formar palabras. Su mente gritaba alimaña, pero su cuerpo lo traicionaba. Sus manos permanecieron aferradas a las sábanas. Su cuerpo respondió con entusiasmo desenfrenado, anulando cualquier objeción que su mente pudiera haber planteado.

—Guau, lo está tratando como una pelota antiestrés —rió Minh, tocándose la entrepierna.

—Así que le gusta rudo. Puedo ser ruda. —Toadette miraba fijamente, tomando notas mentales.

Goomarina se deslizó por el mango, apretando. Con cada caricia, él experimentaba una nueva sensación sorprendente. Su respiración se volvió irregular.

—¿Te vas a venir? —Goomarina subió la velocidad un nivel. El golpeteo de sus pies contra su piel se hizo más fuerte y rápido—. ¡Vamos, chico hongo! ¡Haz un desastre ya! ¡Sabes que te gusta! Quieres bañarme estos deditos, ¿verdad? ¡Hazlo!

—¡Mierda! —Todo su cuerpo se tensó, y luego se vino. Chorro tras chorro de semen pintó de blanco los arcos de Goomarina. Se acumuló en las grietas entre sus dedos; un poco incluso aterrizó bajo sus uñas. Por unos segundos, no pudo ni respirar ni pensar; sólo pudo perderse en la dicha confundida.

Pero los pies de Goomarina no dejaron de moverse.

—¿Qué haces? —jadeó, su cuerpo sacudiéndose por la sobresensibilidad—. ¡Para!

—¿Parar? —Goomarina sonrió diabólicamente—. Todavía nos quedan cinco minutos en el reloj.

—¡Así no funciona esto!

—Yo hice las reglas, así que sí, así funciona. —Aplicó más fuerza, apuntando deliberadamente a sus zonas más sensibles. Las almohadillas de sus pies cubiertas de semen aplastaron su glande ultrasensible—. Apuesto a que podría dejarlo más plano que papel.

La sensación era abrumadora hasta rozar el dolor, pero el cuerpo de Toad siguió respondiendo de todos modos. Toadette observaba con una mezcla de celos y fascinación.

Minh sonrió abiertamente.

—¿Alguna vez te han echado flores por tus pies? Porque esos arcos están bien altos.

—Lo lindo esconde lo peligrosos que pueden ser. —Goomarina atrapó el pene con un pie y trilló la uretra con la uña afilada del otro pie. Toad se mordió el labio, golpeando las sábanas. Quince agonizantes segundos después, se apartó; un hilo delgado de semen conectaba su dedo con él—. Pero gracias.

Toadette juntó los dedos. «Tal vez si mis pies fueran más chiquitos, le gustarían más».

—Bien podríamos ir por el segundo round a estas alturas, ¿no? —preguntó Goomarina, meneando los dedos sobre el tronco de él—. Yo estoy lista.

—Por favor… —respiró él.

—Ay, ¿ahora estás rogando? —Soltó una risita burlona—. Eso es adorable. En serio. Pero no.

Curvó los dedos alrededor de él antes de exprimirlo entre sus arcos profundos.

El semen se había enfriado, pero el sudor se había redistribuido, creando una superficie más resbaladiza. Sus pies se movían más rápido ahora; la fricción se había reducido, pero la intensidad aumentaba. Mantuvo el control todo el tiempo.

La espalda de Toad se arqueó. Aferró las almohadas. El placer había llegado a un punto donde casi se confundía con el dolor.

—Un minuto —anunció Goomarina—. Vamos, chico hongo. Dame otra carga gruesa antes de que se acabe el tiempo. ¿Dónde está mi leche?

El arco de su pie izquierdo y la almohadilla del derecho se alternaron en una armonía impredecible. El cuerpo de Toad se estremeció mientras una nueva ola de dolor y placer lo bañaba. De hecho se desmayó por un segundo después de soltar un chillido agudo. La carga goteó de su verga, débil pero suficiente para cubrir el dedo gordo de Goomarina.

Finalmente los pies se detuvieron. Ella los apartó.

—Y eso son exactamente treinta minutos. —Sin una pizca de vergüenza, se limpió los pies en las sábanas—. Yo diría que fue un intercambio justo, ¿no crees?

Atrapado tanto en la dicha post-orgásmica como en el horror existencial, Toad miró al techo. «Acabo de ser ordeñado por una Goomba sudorosa y bocona. Y me vine dos veces. Necesito un baño profundo».

Apretó los dientes mientras ella recogía los últimos trozos de pelusa de su pene ablandado. Ella se puso de pie y se estiró con un gemido satisfecho.

—Muy bien, hongos, trato hecho. —Azotó su pie descalzo contra el suelo—. ¿Quieren entrar a Villa Sombría? Es tan fácil como estúpido.

Eran todo oídos.

—A ver… —Goomarina se aclaró la garganta y hojeó un libro—. ¡Oíd bien! Quien osare entrar en la antigua cañería de la villa sombrosa, menester es que su nombre lleve escrito en sus vestiduras.

Los tres la miraron con incredulidad.

—Y hacedlo con tinta firme de gran fijeza, por que non se borre durante la vuestra jornada —añadió con una sonrisa tierna—. ¿Los ayudé?

----------

Nota del autor:
Así es como volvemos adecuadamente a La historia de Toadette en 2026, con un cameo especial. Originalmente Goombella iba a ser una mezcla de una Goomba y una humana, ya que la había diseñado hace años para que fuera más humanoide. Pero mi amigo TheJesterMime lo consideró una excusa, así que volví a la mesa de dibujo. La explicación de la medalla/insignia tiene más sentido en última instancia. Recuerden que las críticas constructivas tienen como objetivo ayudarlos, no impedirlos.
© Copyright 2026 VanillaSoftArt (UN: vanillasoftart at Writing.Com). All rights reserved.
VanillaSoftArt has granted Writing.Com, its affiliates and its syndicates non-exclusive rights to display this work.
<<< Previous · Entry List · Next >>>
Printed from https://shop.writing.com/main/books/action/view/entry_id/1106709