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Rated: XGC · Book · Fanfiction · #2328963

Sigue la historia de la vida de esclava de Toadette, y ya tiene el fetiche por los pies.

#1094563 added August 2, 2025 at 1:25pm
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Capítulo 103 - El veredicto
Toad se despertó con una luz tenue que se filtraba a través de las cortinas. Sólo con eso, supo que no estaba en un hospital. Era una especie de dormitorio. Cada fibra de su cuerpo le gritaba, pero era su pie derecho el que reclamaba mayor atención, enviándole constantes descargas de dolor que le subían por la pierna. Necesitaba saber dónde estaba. Y por qué.

Su mirada bajó hasta encontrar su pie derecho, inmovilizado en un grueso yeso. Un par de muletas descansaban junto a la cama.

A medida que sus ojos se acostumbraban a la luz, los detalles de la habitación se hicieron más nítidos. Había fotos en la pared… fotos con alguien que conocía muy bien. Toadette. Era su antiguo cuarto. Vaya que se había esmerado con la decoración desde la última vez, añadiendo una sobredosis de rosa a la estética. Sobre la mesita de noche, una foto enmarcada mostraba a una joven Toadette y a Minh riendo a carcajadas en lo que parecía una fiesta de cumpleaños.

«Incluso entonces ya tenía esa sonrisa», pensó.

Pero ese cálido sentimiento no pudo disipar la frialdad que lo invadía. Miró por la ventana. Oscuras columnas de humo se alzaban desde varios puntos de Ciudad Champiñón. Al menos T. Ana y T. Dani debían de haber salido con vida; el hecho de que él estuviera aquí era prueba de ello.

Se irguió con esfuerzo, apretando los dientes para soportar el dolor del pie. Agarrando las muletas, avanzó cojeando hasta la sala de estar.

T. Ana no estaba en el sofá. Estaba en el suelo, encorvada frente al viejo televisor de tubo. La luz parpadeaba sobre su rostro inexpresivo. En la pantalla, Noticias Jugem relataba los horrores del día anterior. Toad escuchó con atención.

El reportero hablaba del castillo de Peach, impactado por un artefacto explosivo en el primer piso; muros deformados, inundaciones, heridos de gravedad, pero milagrosamente, no se reportaron víctimas mortales en su interior. No se podía decir lo mismo de Ciudad Toad, donde ciento dos Toads resultaron heridos; se ha confirmado el fallecimiento de treinta y seis, ya sea por la explosión o por atropellamiento.

En Aldea Cromo (o Villatina), se informó de la profanación del Sello del Tesoro. Tres de los Toads que lo custodiaban se encuentran en estado crítico.

La Ciudad Bloque de Ciudad Champiñón, el centro de defensa del reino, sufrió daños extensos. Los cuatro edificios quedaron calcinados, reducidos a esqueletos de ladrillos ennegrecidos. Aun así, la ciudad no reportó ninguna baja causada por los atacantes, otro detalle desconcertante.

Sin embargo, Villa Preciosa no corrió con la misma suerte. Dos aviones, provenientes de la Isla Delfino, se estrellaron de forma deliberada, esparciendo un polvo tóxico por toda la región. Uno de los jets impactó contra la Escuela Secundaria Pikari. Se perdieron más de cien vidas, una cifra que sigue en aumento.

—Aunque el número de muertos es inferior a la tragedia del Festival de las Estrellas del año pasado, la escala y la coordinación de estos ataques han quebrado la serenidad del reino. Las autoridades han identificado a dos miembros de la familia criminal Scapelli como los pilotos de los jets en Villa Preciosa, lo que los lleva a sospechar que Wario y Waluigi son los autores intelectuales de este elaborado plan.

—¡Esos desgraciados! —T. Ana golpeó el suelo con el puño—. ¡Se van a salir con la suya otra vez, igualito que la última vez!

—Oiga. —Toad suspiró y avanzó con dificultad—. No esté tan segura.

—¡Ay! —T. Ana dio un respingo y se giró—. ¡Ya te despertaste!

—No volverán a salirse con la suya, no mientras yo pueda evitarlo —declaró él, dejándose caer con cuidado en el sofá con un quejido—. Y sé que Toadette estará de acuerdo conmigo cuando hable con ella.

—Llamé a TT toda la noche. Nada que contesta.

La mano de Toad fue a su costado vendado. Él podría ser más fuerte que Toadette en una pelea, pero los cuatro a los que se había enfrentado ayer… al menos una de ellos podría haberlo matado con un simple chasquido de dedos. Miró a T. Ana, su voz tranquila.

—Su hija no es normal, señora. Y es precisamente por eso que sigue con vida.

***


Que todo el reino suspendiera los viajes le carcomía por dentro a Minh. Incluso si, por algún milagro, Yasmín hubiera sobrevivido al choque y al incendio, ahora estaba atrapada en Villa Preciosa sólo con su abuela. Y el aire allá se sentía irrespirable.

Cada músculo se contraía a cada microsegundo. Acurrucada bajo una cobija en el sofá de la casa de sus padres, no podía estar sola. Ni por un minuto. Si su padre no estaba con ella, estaba su madre. Si su madre no estaba, viceversa. Si no había nadie, tenía a Bestia para hacerle compañía. Mientras hubiera alguien cerca, no tenía que escuchar los pensamientos en su cabeza.

—Minh-Minh, no te puedes quedar tirada en el sofá todo el día —dijo Sofía, picoteándola con el dedo.

—Claro que puedo. —Se enroscó aún más en la cobija—. ¿Y si hay otro ataque?

—Es súper improbable que algo más vaya a…

¡BUM!

El salón entero se sacudió con tal fuerza que los cuadros en las paredes se tambalearon. Minh soltó un grito, haciéndose bolita. Entre la explosión, los ladridos incesantes de su mascota y su propio alarido, no podía escapar del estruendo aunque lo intentara. Sofía la zarandeó repetidamente.

—¡Minh-Minh! ¡Para! ¡Te acabas de sentar en el control remoto! —Le arrebató el control y le bajó el volumen a la televisión—. Todo va a estar bien, ¿okay?

—¡Sigues diciendo eso, y ni siquiera sabemos dónde está Yas ahora mismo!

—Como si a mí no mi importara. —Sofía levantó las manos en señal de exasperación—. Alguien tiene que mantener la calma por aquí, ¿no crees?

De repente alguien llamó a la puerta. Sofía se acercó, soltó un quejido y la abrió.

—Minh-Minh, tienes visita —dijo, haciéndose a un lado.

Minh se quitó la cobija de encima, abriendo los ojos como platos.

—Dios mío… Te ves fatal…

—Salvé una.

—¿A quién?

—No a alguien. Estaban yendo por las estrellas. Logré salvar una, así que igual les fregamos el plan a esos sinvergüenzas. —Toadette levantó el brazo—. Casi me vuelvo a romper el brazo.

—Qué… Qué bueno —murmuró Minh, bajando la mirada—. Lo siento. Es que… La escuela de Yas, y ahora está atrapada allá. No sé qué vamos a…

—La princesa accedió a que los aviones vuelvan a volar, pero sólo si es para sacar gente de los lugares que atacaron.

La cabeza de Minh se levantó de golpe.

—No podía no intentar convencerla. —Toadette finalmente esbozó una sonrisa cansada—. Lo único que me gusta que te asuste es un Boo.

Minh se iluminó de repente, atrayendo a Toadette en un profundo abrazo y agradeciéndola. ¿Podían las noticias ser aún mejores? Justo cuando se lo preguntaba, el teléfono de Sofía empezó a vibrar.

—¿Bueno? —escuchó por un momento—. Sí, soy su hermana.

Minh se quedó helada. Cruzó los dedos con tanta fuerza que casi se los rompe. Se dijo: «Que sean buenas noticias, por favor que sean buenas noticias». Cualquier cosa menos un funeral. Sobre todo porque su última interacción con Yasmín había sido tan complicada; no podía soportar que esa fuera la última vez que la vería.

—Entiendo. Muchas gracias. —Sofía bajó el teléfono, terminando la llamada. Se giró hacia las chicas—. ¿Las malas noticias? El cuerpo de Yas quedó hecho pedazos por el ataque. —Hizo una pausa, dándole a Minh un segundo para sentir el peso de sus palabras. Luego su voz se suavizó—. ¿Las buenas? Sigue viva.

Minh sintió un temblor en los labios y se desmayó. Todo la tocó con el pie, pero no hubo reacción. Miró del cuerpo de Minh a Sofía.

—¿Y a ti qué te pasó en el brazo? —preguntó Toadette al notar el grueso vendaje que envolvía el brazo de Sofía.

—Pues tuve un pequeño altercado en el trabajo. Una tipa muy salvaje en una de nuestras paradas decidió usarme de rascador. —Finalmente sonrió con malicia—. Se escapó, pero chance y le di su merecido.

—Claro, eso es muy tuyo —se mofó Toadette. Pasó junto a Sofía, dirigiéndose de nuevo a la puerta principal—. Que intenten destruirme todo lo que quieran. No me rompo tan fácil.

Sofía sólo la vio irse, permitiéndose observar con una sonrisa los diversos vendajes en el cuerpo de Toadette.

***


—¿Cómo que una sola estrella? —La fulgurante Estrella Etérea amarilla en las manos de Wario le devolvía el reflejo de su propia mueca de furia—. ¡Son unos inútiles! ¿Me traen una sola?

—O sea, Wario, ¡nos tiraron bombas cegadoras dos veces! Así como que es un poquito difícil agarrar dos estrellas mágicas cuando uno apenas puede ver.

—Todavía me duelen los ojos —lloriqueó Ana.

—¡Son una bola de blandengues! —rugió él. Cricket y Penny recibieron la peor parte de su sermón en esa reunión—. Lo único que los salva de estar fregando los baños ahora mismo es que todavía tenemos un as bajo la manga contra esa princesita molesta—. Se giró hacia 13-Amp—. Tú lo hiciste bien, rata callejera. Ciudad Champiñón se veía preciosa envuelta en llamas.

—Un placer servirle a la ciudad —dijo ella, haciendo una reverencia—. Pero con todo y eso, sus planes de defensa son una basura. Este reino está pidiendo a gritos otro ataque. Aún así, esos objetos…

—Todos deberían entrenar para usarlos como se debe —aconsejó él—. Especialmente los tontos que ya andan nadando en esa porquería mágica. Debería darles un buen empujoncito.

—Ah, sí. Esto se veía bastante interesante—. 13-Amp señaló una carpeta específica—. Metí a 9-Volt en un cuarto de esos para triturar papeles, y encontró estos documentos marcados en rojo. Deben ser importantes, ¿no?

Wario escaneó los papeles. Su rostro se torció en una sonrisa diabólica.

—Dice Peach que su rastro está cubierto —se rio entre dientes—. Parece que no contó con que sus champiñones inútiles se tardarían una eternidad en destruir secretos vitales. ¡Excelente trabajo! No, ¡el mejor trabajo, rata!

Los dedos de Mona se crisparon al ver cómo 13-Amp aceptaba felizmente todos los elogios.

Se ajustó el traje y la pajarita, observando cómo Waluigi entraba en la habitación, igual de elegante. Otro avión partiría de Ciudad Diamante ese día, esta vez con una carga aún más valiosa a bordo.

—Démosle al reino lo que quiere —dijo Waluigi.

—En efecto. —Wario señaló a sus trabajadores—. Dispérsense. Pónganse a hacer algo útil mientras no estoy. Especialmente tú, Mona.

La mandíbula de Mona cayó hasta el suelo.

—Parece que la basura callejera tiene más cerebro que tú. Intenta aprender algo de ella por una vez. —Wario se fue con Waluigi, ambos riendo a carcajadas.

Mona fulminó a 13-Amp con la mirada.

—No te atrevas a decirme una sola palabra.

—Aldea Cromo.

Con un chillido, Mona se abalanzó con el puño en alto. 13-Amp la esquivó con facilidad. En un instante Mona estaba en el suelo, con el brazo torcido dolorosamente detrás de la espalda. El tenis gastado de 13-Amp se apretó contra la nuca de su cuello.

—¿Ves esta impulsividad de mierda? Por pendejadas como ésta es que eres una líder de porquería.

—¡Pude haber exterminado a muchísimos de esos hongos si no fuera por Penny! —gritó Mona, rompiendo a llorar—. ¡Ella y su estúpida química! ¡Cada vez que quiero divertirme a lo grande, siempre tiene que aparecer alguien a aguarme la fiesta sin motivo alguno!

Penny guardó silencio, incapaz de mirar a nadie a los ojos.

—Estabas tan ocupada jugando a la estrella de cine que atacaste castillo en vez de la cosa que literalmente se llama el Sello del Tesoro. Todo por una cuenta de cadáveres sin sentido. —13-Amp levantó un poco el pie—. Deja de fingir que eres una heroína de acción y usa el cerebro para variar. A ti te gusta ser estúpida, ¿o qué?

Mona resopló y se puso de pie de un empujón. Le gruñó a 13-Amp e infló el pecho. 13-Amp no se inmutó. Con una última mirada llorosa a Penny, Mona se dio la vuelta y salió corriendo de la habitación.

—Matar a Toads… Esa chica se va a matar a sí misma algún día —dijo 13-Amp—. Oye, tranquila con eso, Penny. No tienes por qué sentirte mal por no ser una psicópata.

—Es que… no sé qué le ha pasado

—¿Alguna vez has conocido a un niño súper rico que sus papás lo hayan criado bien? Ya me parecía. —13-Amp se encogió de hombros—. Les compro algo de comer al resto. Menos a Kat; eso corre por su cuenta.

—¿Qué? —Ana volvió a la realidad de golpe—. ¿Qué hizo Kat?

—Mona no es la única con ganas de aniquilar a gente. Kat casi mata a una mamá con su hijo.

Los ojos de Ana se abrieron como platos, y su mirada se desvió hacia su gemela, que permanecía rígida. Todo entre ellos parecía estarse desmoronando, pieza por pieza. ¿Sería ella la siguiente?

***


Muchos de los ciudadanos de Villa Preciosa tendrían que evacuar temporalmente. Ni el ventilador más potente del mundo podría disipar la contaminación tóxica que cubría este centro financiero del Reino Champiñón. Varios escaparon a los muelles de Villa Viciosa, mientras que otros se refugiaron en la Isla Trópica. Sólo una puñada terminó en un lugar más lejano, como Ciudad Toad.

Ahí seguía Minh, acurrucada en los escalones de la casa de sus padres. Escuchó con atención el chirrido de las llantas al entrar la entrada.

Luego se abrió la puerta. Su madre fue la primera en entrar, con una palidez que no era normal en ella. Tras ella, entraron las demás: su abuela, Sofía y la principal víctima de todo este atentado.

Minh respiró hondo. Un montón de vendajes gruesos cubrían a Yasmín mientras su abuela la ayudaba a caminar. Parecía que la hubiera golpeado un tren; no había ni una sola parte de su cuerpo que no estuviera herida.

Sin pensarlo dos veces, Minh se lanzó a abrazarla con cuidado. Pero la mínima presión fue suficiente para que Yasmín pegara un grito desgarrador, apartando a Minh de un empujón.

—¡Ay, mi culpa! —chilló Minh—. ¡Es que estaba tan asustada, Yas! ¿Estás bien?

Antes de que Yasmín pudiera responder, la mirada de Minh volvió al televisor, de donde fluía el murmullo de las noticias.

—Apágala —dijo—. ¡Mamá, apaga la tele, por favor!

—Ya qué más da —masculló Yasmín con una voz increíblemente rasposa—. No hay un solo segundo en que no me duela algo, Minh-Minh. Sobreviviré.

—¡Justo ahora que nos vendría de perlas una Seta Vital y no tenemos ni una! —se lamentó Minh, apartando a Bestia antes de que sus dientes causaran otra herida.

Mientras Sofía llevaba a Yasmín hacia la sala, recostándola en el sofá con sumo cuidado, alcanzó a ver la transmisión. Mostraban fotos en vivo de Wario y Waluigi aterrizando en Ciudad Champiñón. A Sofía no le quedó más que fruncir el señor al ver Wario tan campante después de todo. Sin querer, apretó el brazo de Yasmín al ver las imágenes, provocando otro quejido de dolor.

—¿De verdad se van a entregar? —preguntó Minh.

—Lo dudo mucho —dijo Sofía—. Más bien parece que están dispuestos a llevar esto a juicio. Quieren un proceso rápido, si me preguntas.

—Eso no puede ser rápido de ninguna manera —protestó Violeta.

—Permítame disentir, tía. En Villa Preciosa, la gente de clase alta tiene dos estrategias: o retrasan el juicio hasta que el público se olvide, o entran con todo, arrasando como un tren.

—¡Pues ojalá que ese tren se estrelle bien duro! —exclamó Minh, conteniéndose para no escupir a la pantalla—. ¡Quiero que se descarrile, carajo! Ay, perdón por la palabrota…

Mientras tanto, en el norte de la ciudad, yacía otra niña malherida.

Penélope estaba en una de las pequeñas enfermerías del castillo desde que sufrió la conmoción cerebral, conectada a un respirador. Cada mañana y cada noche, Peach recibía un informe sobre su estado. Al principio parecía que despertaría al final del primer día; sin embargo, ya llevaba más de veinticuatro horas en coma.

—Hagan todo lo necesario para que se recupere por completo, ¿entendido? —dijo Peach a uno de los médicos, con firmeza en su voz.

—Una vez más, la explosión se propagó por los conductos del ascensor y destruyó gran parte de nuestra reserva de Setas Vitales, alteza —respondió el médico. Le mostró una tablilla—. La joven Penélope puede sobrevivir, pero la pronta recuperación de sus heridas es lo que nos preocupa.

Peach le acarició la frente vendada a Penélope.

—Me abstuve de preguntarlo antes, pero Toadette notó que sus ojos destellaron en rojo. ¿Qué significa eso?

—¿Disculpe? Si le abrimos los párpados ahora mismo, sus ojos están azules.

—A pesar de las ineptitudes de Toadette a veces, dudo que mienta sobre esta observación.

—Si descubrimos algo, la mantendremos informada, alteza.

—Así espero —dijo, asistiendo—. Mientras tanto, tengo asuntos que atender. A mi regreso, ruego que Penélope se encuentre en mejores condiciones.

—Si me permite la pregunta, ¿a dónde se dirige? —El médico miró a Penélope con cautela—. No será un viaje largo, ¿verdad?

—Todos me verán en las noticas. —Mientras se alejaba, su frustración aumentaba lentamente. Desdobló una carta que llevaba en el vestido y le echó otro vistazo.

Parece que ambos tenemos evidencias en contra del otro, ¿verdad? Ten cuidado. La próxima vez dile a tus champiñones que se apuren un poco más al triturar los documentos. Con cariño y besos, el Gran Hombre.


***




En el corazón de Ciudad Champiñón, después de cinco días de los ataques, se alzaba imponente el Alto Tribunal del Reino Champiñón. Sus altísimos techos se perdían en las alturas, con intrincados tapices que vestían los muros. Los pisos de mármol, pulidos a la perfección, reflejaban los rostros de todos los presentes. Contaminando la escena, sin embargo, había un dúo tan sombrío como el esmog.

Allí se sentaban siete Altos Magistrados. No eran simples Toads más altos; estaban envueltos en túnicas de colores, sus rostros devorados por las sombras de sus capuchas. A un lado se encontraba la princesa Peach, cuya habitual expresión alegre había sido reemplazada por una mueca de fría repulsión. Los asuntos judiciales no solían estar en sus manos, pero ver cómo su hogar se desmoronaba la había arrastrado hasta aquí.

Una puerta se abrió con un crujido. Un jadeo colectivo recorrió la sala.

—¡Buenos días, Ciudad Champiñón! ¡Espero que hayan traído sus palomitas!

Wario avanzó con su contoneo y una sonrisa demasiado ancha para su rostro, flanqueado por abogados humanos en trajes impecables. A su lado, Waluigi caminaba con aire fanfarrón. Le dio una calada a su largo puro y, con un elegante giro de muñeca, lo apagó. Se dejó caer en un asiento, y Wario se deslizó en el de al lado.

El público reaccionó con una mezcla de risas ahogadas y quejidos. La desfachatez del dúo podía resultar hilarante para quienes no habían sido afectados directamente por los ataques, pero a aquellos en todo el reino que sí lo fueron, les hervía la sangre.

—Neta que no quieren toparse conmigo —gruñó Minh, sentada atentamente frente al televisor en la sala de sus padres.

El fiscal, un Toad de manchas negras y hablar afilado, se puso en pie.

—¡Señorías, pueblo de este reino, hoy estamos aquí en busca de justicia! Justicia por las vidas destrozadas, por los edificios reducidos a escombros, por el miedo sembrado en el corazón de cada ciudadano del Reino Champiñón. —Hizo una pausa—. La evidencia, señorías, apunta a los arquitectos de esta conspiración.

Giró bruscamente hacia la mesa de la defensa.

—Wario y Waluigi, y su familia del crimen organizado en Ciudad Champiñón. No fueron actos aleatorios. Fueron ataques calculados, diseñados para paralizar nuestro hogar.

Meticulosamente expuso la cronología de los ataques: la bomba en el castillo de Peach, la destrucción de la Ciudad Bloque, el avión estrellado en la Escuela Secundaria Pikari y el asalto al Sello del Tesoro. Resaltó la conexión entre los pilotos de los jets implicados en el incidente de Villa Preciosa y la familia Scapelli, liderada por Waluigi y Waluigi.

—Los ataques de los Scapelli no sólo son un reflejo del ataque con el Bill Banzai en el Festival de las Estrellas del año pasado, sino que la cola del avión lucía el emblema de Waluigi. La destrucción masiva es, a estas alturas, su firma personal. Wario y Waluigi podrán fingir inocencia, ¡pero el pueblo exigimos justicia!

Mientras la multitud murmuraba, la sonrisa de Wario se negaba a desaparecer. Lo mismo ocurría con Waluigi, quien se sentía tan cómodo que puso los pies sobre la mesa, reclinándose en su silla.

—No tengo ni la menor idea de lo que está diciendo —dijo Waluigi con una risa.

—¿De dónde sacan estas locuras? —dijo Wario, atusándose el bigote mientras uno de sus abogados defensores se levantaba.

—¡Señorías, damas y caballeros del jurado, la fiscalía ha presentado una serie de tragedias y ha intentado tejer con ellas una conspiración! Insinúa la culpabilidad de mis clientes sin una sola pizca de prueba.

El abogado desmanteló los argumentos de la fiscalía. Alegó que los pilotos de Villa Preciosa podrían haber sido agentes renegados, cuyas acciones eran desconocidas para Wario y Waluigi. Además, si bien los testigos pudieron señalar detalles como los pañuelos morados del equipo de Ciudad Champiñón, nadie pudo verles bien la cara. Ni Ciudad Toad ni Aldea Cromo tenían grabaciones de los equipos atacando, lo que significaba que nadie más podía ser vinculado directamente a los acusados.

—Es más, persiste la pregunta del motivo. ¿Por qué Wario y Waluigi atacarían la misma tierra donde operan sus negocios? Carece de toda lógica. No olvidemos que Ciudad Diamante es territorio del reino. —Enderezó su postura—. Mis clientes no son unos santos, señorías. Pero son empresarios respetables. Y han sido acusados maliciosamente de crímenes ajenos a su justo modelo de negocio.

Finalmente Wario fue llamado al estrado. Por fin borró su sonrisa, reemplazándola con una expresión de preocupación mientras se inclinaba hacia el micrófono.

—Ciudadanos del Reino Champiñón. ¿Todo esto asunto? Horrible. Bombas, niños muertos… Nadie desea esto. —Negó con la cabeza—. Condeno esto. Les doy mi palabra de que investigaré a mis muchachos, ¿han entendido? Pero al fin y al cabo… son adultos, ¿no? ¿Cómo puedo controlar todo lo que hacen?

Luego apareció Waluigi. Se aclaró la garganta, recorriendo la sala con su mirada. Cerró los ojos.

Les ofrezco mi más profundo pesar
Por estas penas que no han de olvidar


—¿Qué está haciendo? —le preguntó Peach al Maestro Kinopio.

Esas vidas dulces, que no volverán a brillar
Negadas el mañana, la promesa sin igual
Un destino trágico, obra de monstruos sin piedad
Que no son mis mafiosos, es verdad


Su voz se deslizaba suavemente, como si cantara en un coro. Mientras continuaba, se escuchó un aplauso entre el público. Y de repente, más comenzaron a surgir, lo que lo impulsó a subir el tono.

Culpen a este mundo por su cruel designio
Esa aerolínea explosiva no fue mi dominio
Los miedos, las lágrimas, no eran mi fin
No sigan culpándome a mí


Y lo siento, lo siento, por todo este dolor
Por el reino y la princesa, prometo borrar este horror
Con millones de donaciones, me ayudan de levantarse del suceso fatal
Y es más, les daré noventa y nueve monedas, qué genial


Hizo una reverencia, secándose las lágrimas de los ojos. Algunas personas comenzaron a estallar en aplausos, mientras que otros abucheaban. Peach se llevó una mano a la boca. El magistrado, ataviado con túnica roja, levantó lentamente una mano.

—Hemos… Hemos escuchado su defensa, Señor Waluigi. El tribunal entra en receso mientras deliberamos.

Mientras los magistrados desparecían tras las cortinas, Waluigi regresó a su asiento. Wario le dio una palmada en la espalda.

—Eso estuvo de pelos. Eres la próxima Cantarina.

—Ojalá pudiera llevarme todo el crédito, pero tengo que darle las gracias a la raperita esa.

Minh apretó los puños con tanta fuerza que se cortó la palma sin querer.

—Ese infeliz ahí, cantando como si nada, y Yas que apenas puede caminar.

Su madre le puso una mano en el brazo, pero Minh se la quitó de un manotazo. No pensaba mover ni un pelo de ese sillón hasta que dieran el veredicto. No quería arriesgarse a perdérselo por nada del mundo.

—Yo creo que ya son más que culpables, mija —dijo Violeta, abrazando a su hija que no paraba de temblar—. Van a tener su merecido.

—Ay, por favor… —La cabeza de todos giró hacia Sofía, que estaba ocupada lavando los platos—. Son puras teorías y cero pruebas. Si no pueden demostrar una sola conexión sólida, esos dos se van a ir como si nada hubiera pasado.

—Eso no va a pasar, Sofí —insistió Minh—. Lo de Villa Preciosa es la conexión más clara que puede haber, ¿o no?

—Yo estudié esto, Minh-Minh. No te mentiría.

A Minh se le desbocó el corazón.

En el apartamento de T. Ana, no podía creer lo que acababa de escuchar.

—Lo más seguro es que TT ya está muerta, y ellos se están riendo —gruñó T. Ana, aplastando el control en su puño—. Esos tipos se van a salir con la suya, te lo estoy diciendo.

—No se pierde nada con tener algo de fe —dijo Toad, estirando en el sofá—. Maldición, Toadette. Contesta el teléfono ya.

***


Esa misma tarde, la tensión se apoderó del ambiente. Los Altos Magistrados habían terminado de deliberar y ahora regresaban a la sala. El de la túnica roja dio un paso al frente y alzó la voz.

—En el caso del Reino Champiñón contra Wario y Waluigi —comenzó, con una voz desprovista de toda emoción. Todos en la sala se inclinaron hacia adelante, conteniendo la respiración. Desde afuera, se oía el murmullo de la ciudad—. Nosotros declaramos a los acusados…

La pausa se sintió como una eternidad. En cualquier segundo…

—No culpables.

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Nota del autor:
Ésta es la parte en la que o se enfurecen o deciden amotinarse. Él no puede seguir saliéndose con la suya... Ésta es la racha más larga de acontecimientos desafortunados hasta ahora, pero la semana que viene añadiremos un poco de ligereza. ¿Cómo creen que se le da a Toadette chupársela a alguien que le gusta?
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