Luchan contra Wario. Más amigos, enemigos y pies sudorosos para Toadette, Minh y Toad. |
| Aminí terminaba de ordenar la cocinita de su habitación. Penélope y Yasmín estaban en la misma cama. Penélope tenía los ojos entreabiertos y fijos en el techo; Yasmín, por su parte, estaba acurrucada de lado, roncando suavemente. «Parecen angelitos», pensó Aminí. «Quién diría que han pasado por tanto». Cerró el grifo y se dirigió a la puerta principal para comprobar que estaba cerrada con llave. Suspiró aliviada y se quitó los zuecos. La mirada de Penélope voló hacia ella. Los pies morenos de Aminí golpeaban el piso con suaves chasquidos, pegándose ligeramente a la madera con cada paso. —Descansa, corazón. —Se detuvo justo antes de llegar a la cama—. Te prometo que aquí están seguras. Penélope no respondió. Bajó la mirada hacia los pies de Aminí; eran más delgados que los de Minh, tenían las uñas sin pintar y eran más pequeños en general. Tras un momento, volvió a mirar el techo. Aminí resistió el impulso de acariciarle la frente. «Nada de apachurrones por ahora. No es el momento». —Nos la vamos a pasar bien juntas —susurró, yendo al baño. Penélope esperó hasta oír la regadera. Miró a Yasmín. «No la toco», se prometió. «Está mal. Yo soy la hija de la princesa. Mamá y la señorita Toadette se decepcionarían tanto». Y entonces se levantó, deslizándose hacia los zuecos. Después de todo, no estaban vivos. Se arrodilló y los olfateó desesperada, soltando un gemido tembloroso. Despedían un hedor penetrante a pies sudados, mezclado con pino y especias. «Nada que ver con el olor de la señorita Toadette. Al menos estos me servirán para aguantar. Y también…». Se movió hacia las sandalias de Yasmín. Las huellas de sus pies estaban quemadas en el material. Penélope levantó la izquierda; todavía estaba tibia y apestaba tan espantosamente como en la convención. Una sonrisa retorcida se dibujó en su cara. «Perdón, señorita Toadette, pero el olor de Yas es simplemente…». Llevó el talón de la sandalia a sus labios. Tragando saliva, arrastró la lengua lentamente por toda la longitud del zapato, hasta llegar a las marcas de los dedos. Sabía repugnante. La superficie era áspera al principio, pero conforme presionaba más fuerte con la lengua, se transformó en una sensación cremosa. Una gruesa capa de sudor, polvo y mugre cubría la sandalia, disolviéndose en su lengua. Sintió un tic en el ojo. Escupió el polvo en el piso. Pero no iba a interrumpir su prueba de sabor. Su lengua recorrió el zapato de arriba abajo repetidamente; se negaba a tragar nada, dejando que se acumulara en su lengua antes de limpiársela en la manga de su camisa. Por muy asquerosos que fueran los pedacitos de mugre, el sabor inicial la tenía cautiva. «¡Es tan cremosito! Qué lástima tener que limpiarme, pero vale toda la pena». Después de darle besos a la sandalia, la dejó caer al suelo. Suspiró pesado, gateó a la cama y jaló las sábanas. «¡Tengo que hacerlo, Yas! Perdóname». Apartó de un tirón las sábanas. Los pies de Yasmín estaban de lado. Para su sorpresa, estaban más que un poco mugrosos. «¿Se habrá bañado? ¿O sólo dejó correr el agua y fingió?» La respiración de Penélope se hizo más profunda mientras miraba. «Están tan… sucios. Pero es… Ay, Yas…». Bajó la cabeza e inhaló. La mezcla de queso y sudor era mucho más potente que la de Aminí. La embriagaba. Sacó la lengua, pero se detuvo al enfocarse en el espacio entre los dedos más grandes. Había ahí una línea oscura. Mugre de pies. O sea, toe jam. A Penélope se le revolvió el estómago ante la textura extraña. Pero se negó a apartarse. En cambio, gimió contra el pie, sacando la sustancia con la punta de la lengua. Su sabor, indescriptiblemente asqueroso y terroso, dominó sus papilas gustativas. «Dios, qué asco», pensó, jadeando. «¡Es asquerosísimo! Pero no puedo escupirlo así nada más. Yo… quiero limpiarle los pies. Se lo merece». Se tragó el quesito, sintiéndolo deslizarse por su garganta. De inmediato fue por más. Su mano se deslizó entre sus piernas otra vez, frotando con más fuerza. Sin embargo, no dejó de estar atenta al baño. El peligro de que Aminí saliera en cualquier segundo le enviaba escalofríos por la espalda. Los dedos de Yasmín se movieron contra sus labios. Los ojos de Penélope se abrieron de golpe. Cuando escuchó que los ronquidos suaves de Yasmín regresaban, pudo respirar con alivio. Chupó con más fuerza y rapidez, tratando los dedos como si fueran paletas. Sus quejidos crecieron mientras extraía la mugre rancia de las grietas. Cada zambullida en el quesito caliente hacía temblar su concha. «Tengo que parar pronto… Tengo que parar…», repitió. Gimiendo, chupó el dedo índice de Yasmín intensamente. «Un poquito más… Solo un poqui…». El clímax la tomó por sorpresa. Jadeó, hundiendo la cara más en los pies de Yasmín mientras su cuerpo se estremecía. Sus piernas aplastaron su mano entre los muslos mientras se empapaba. Mientras su cuerpo temblaba, el dedo seguía moviéndose en su boca. Tuvo que luchar contra cada impulso de gritar de placer. La sensación terminó en menos de un minuto, pero la dejó empapada en sudor. El corazón le latía tan rápido que pensó que se le saldría del pecho. Los dedos de Yasmín ahora brillaban. Penélope se limpió la boca, suspirando. El sabor raro y agrio del quesito crudo todavía le salpicaba la lengua. Era repugnante; esto era lo más asqueroso que había hecho en su vida. Y aun así no podía dejar de sonrojarse. Se metió bajo las sábanas. Yasmín se volteó, ahora de frente a ella. Penélope sonrió con cansancio y se acercó hasta que sus pies se tocaron. —Eres increíble —susurró, envolviendo un brazo alrededor de Yasmín y jalándola hacia ella—. Buenas noches, Yas. «¿Quién sabe? Igual y quedarnos aquí no es tan malo… Especialmente si te tengo a ti». Cuando Aminí salió, las dos niñas estaban muertas para el mundo. Se preparó para apagar las luces cuando notó algo: los zapatos en la puerta no estaban bien alineados. «Juraría que los dejé derechitos», pensó. Acomodó sus zuecos de vuelta en su lugar y alcanzó la sandalia izquierda de Yasmín. Al tomarla, retiró la mano de golpe. Sus dedos volvieron empapados. Soltó un quejido de asco. Tocó la plantilla de nuevo con cautela. Estaba cubierta del talón a los dedos con una capa babosa. Miró alrededor del piso buscando alguna explicación. Pero todos los demás zapatos estaban secos. «¿Hay una gotera?» Miró hacia arriba pero no encontró evidencia. Rascándose la cabeza, se olió los dedos. Una mueca se apoderó de su cara. «¿Babas? ¿Pero qué...?». Temblando, sostuvo la sandalia empapada por la correa. Una sola gota cayó en su dedo gordo. Puso el zapato empapado junto a su pareja seca antes de hundir la habitación en la oscuridad, sin saber que estaba durmiendo a solo unos metros de la razón. *** Los labios de Toad envolvieron el pezón izquierdo de Minh y lo chupó suavemente. El dulce sabor a madreselva le inundó la boca como néctar frescor. Los ojos de Toadette se cerraron mientras la leche con sabor a miel le cubría la lengua. Chupó más fuerte que Toad, lo que le arrancó un gemido entrecortado a Minh antes de soltarse con un chasquido húmedo. —Guau… Sabes más dulce que yo —jadeó Toadette. —Va con mi personalidad. —Minh se estiró y luego se sentó en la cama. Se paró frente a ellos, completamente desnuda salvo por sus calcetines, y flexionó los dedos de los pies—. Pero ahora, me encantaría que ustedes chuparan mis pies. Chúpenlos bien duro. Reveló sus pies cubiertos de la tierra de su caminata por Villa Viciosa. Toad tuvo una arcada. Toadette se quedó quieta, respirando hondo. Sin decir una palabra, se arrodilló y tomó el pie derecho de Minh entre sus manos. Mirándolo con adoración, sacudió cualquier pelo visible o pelusa excesiva. La arenilla estaba prácticamente incrustada en el pie de Minh; la aspereza de su talón contrastaba con la suavidad de la planta. Toadette tragó saliva y presionó el dedo gordo contra sus labios. —No seas tímida. —La voz de Minh era un susurro—. ¿De qué hablamos, Toadette? La tierra es saludable. «La tierra es saludable, Toadette. Ahora te gustan los pies. La tierra es natural… Es natural…». Se metió el dedo gordo en la boca y comenzó a chuparlo como un chupete. Los otros dedos mugrientos de Minh se curvaron contra su mejilla, como rogando entrar. Sin embargo, Toadette se aseguró de que el dedo gordo recibiera el tratamiento de lujo. Arremolinó la lengua alrededor de él deliberadamente, provocando un gemido trémulo de Minh. Su nariz se arrugó ante el olor: tierra cruda, pies y chanclas de goma gastadas. No era agradable, pero perseveró, mirando a Minh como cachorro buscando aprobación. —Buena chica. —Minh sacó el dedo, admirando su humedad—. Ahora, tengo otros nueve deditos listos para ser bañados. —Lo intentaré. —No lo intentarás. Puedes hacerlo. —Miró a Toad—. En cuanto a ti, señorito… Saca esa verga. —Si me la vas a jalar con tus pies asquerosos… —Güey, ¿no ves que estoy dejando que Toadette los babee ahorita mismo? —Minh se señaló la boca—. Es que yo tengo hambre. Toad suspiró aliviado. —Con ese fetiche raro que te cargas ahora, ya ni sé qué esperar. —Se desnudó hasta quedar con la verga visible, goteando fluidos. Minh se lamió los labios. Él se arrodilló y dejó que su verga se hundiera en la boca de ella. —Mmm… —Envolvió sus labios alrededor de ella—. Veamos si puedo hacer que te vengas más rápido que Toadette… —¿Qué? —Toadette se sacó los dedos de Minh de la boca. —Te tomó un buen rato hacerlo explotar, por lo que oí —rió Minh—. Aunque igual le gustaron sus noches de hacer el amor. Toadette entrecerró los ojos mirando a Toad. —Se lo soltaste la misma noche que cogimos, ¿verdad? —Al menos fuiste lo bastante dulce para pensar mejor de mí. —Hijo de… —Los dedos de Minh irrumpieron de nuevo en su boca, cortándola. Eso significaba que tendría que ponerse más agresiva cuando le tocara su turno. Pero por ahora, chupó el dedo gordo de Minh y luego tomó varios dedos a la vez, moviendo la cabeza como si estuviera chupando una verga enorme. Mantuvo cuatro de cinco dedos en su boca durante medio minuto, su garganta convulsionando mientras trataba de meterse el pie más profundo. Cuando se apartó, lamió entre los dígitos, especialmente entre el dedo gordo y el segundo, donde se acumulaba el polvo. La mugre todavía no le sentaba bien. Pero comparado con lamérsela de los pies a Peach, esto se sentía como el cielo. Ver la cara llena de placer de Minh en lugar del ceño fruncido de Peach probablemente ayudaba. —¿Saben mejor ahora? —preguntó Minh con la boca llena de verga. —Un poquito. —Toadette bajó por cada dedo en línea, chupándolos uno por uno. Finalmente comenzó a lamer las plantas. Las plantas de Minh eran como valles colmados de inmundicia. Toadette se quitó los lentes, cerró los ojos y le dio una lamida poderosa desde el talón hasta los dedos. La carnosidad del talón fue un punto de partida reconfortante, incluso con la fina capa de arenilla. El viaje hacia arriba por la planta de Minh fue irregular, y el viaje hacia abajo aún más mientras ella arrugaba los dedos. Toadette chasqueó los labios, saboreando la tierra. Apretó los puños y tragó como si fuera una pastilla pesada. «Estoy loca. Cuanto más los lamo, más veo que tiene razón sobre que los pies limpios son simples». Le dio otra lamida al arco. «Son más bonitos, seguro. Todavía me encantaría frotarlos. ¿Pero por qué esta asquerosidad hace que mi corazón lata más rápido?». Le chupó la almohadilla del pie derecho, haciendo que Minh chillara. «Podría ser miedo. También podría ser que me estoy volviendo más demente y de hecho me gusta esto. Pies sucios… Ugh, pero son tan…». Toadette jadeó cuando Minh le pellizcó la nariz con sus dedos húmedos. Minh cruzó los pies por los tobillos. Toadette se reacomodó y lamió meticulosamente entre cada dedo en una segunda pasada. Minh parecía especialmente emocionada cuando Toadette le clavaba el dedo profundo en la piel suave. Cuanta más presión aplicaba, más se retorcía Minh. Aunque parte de ese movimiento venía de chupar la verga de Toad. Le dio lentas lamidas por el mango antes de acariciarlo mientras le succionaba la punta. Su prepucio hacía que la caricia fuera más placentera, provocando gemido tras gemido mientras él le agarraba el sombrero. Con una risita, Minh le empujó su cara hasta el fondo de su entrepierna. —Mierda santa… —El agarre de él se apretó. —¿La chupo como una profesional, papi? —La voz de Minh era infantil—. ¿Mmm? —Sí, lo haces. —Toad la empujó más profundo hasta que no pudo más. A diferencia de Toadette, Minh no tenía arcadas. Su reflejo de náusea parecía inexistente. Simplemente le masajeó la verga con la lengua mientras le palpitaba en la boca. Después de dejarla latir varios momentos, se apartó y la abofeteó contra su lengua. —Gracias. —Gimió y luego le empapó las bolas con su saliva caliente—. Sabe muy rica tu verga. —Juro que Minh hace que cualquier cosa suene más caliente cuando está prendida. —Miró a Toadette, cuya boca estaba llena de dedos polvorientos y movedizos—. ¿Así que cuándo descubriste que tu mejor amiga era una puta total? —En la secundaria. —Toadette besó el pie de Minh—. Mientras mi mamá me gritaba, actuando como si fuera a crecer para ser esta prostituta sucia que anda descalza, resulta que es mi mejor amiga la que lo hace sin que nadie sospeche. —Me he cogido a suficiente gente para llenar un cuaderno —gimió Minh—. Si solamente no fuera tan vergonzoso admitirlo. —Espera. —Toad le sostuvo el cuello en su lugar—. ¿No ha tenido sexo Sofía con un montón de tipos? ¿Por qué tu familia no la ha echado todavía? —Ya sabes, dicen que les importa el sexo antes del matrimonio, pero en realidad no. —Le lamió la verga—. Les importa el sexo en una relación adecuada. ¿Mi cosa de andar dándole placer a varias personas? Sí, eso haría que me desheredaran rapidito. Toadette se apartó, jadeando. —Que lo intenten, y a puro grito los obligo a que te acepten de vuelta. —¿Y cómo ves que eso funcione? —preguntó Toad. —Así. —Toadette marchó lejos. De repente el olor de la habitación se intensificó. La vieron regresar con uno de sus zapatos bajos en la mano. Antes de que Toad pudiera reaccionar, se lo puso sobre la nariz y se lo hundió en la cara. —¡Huélelo! ¡Huele el hedor de más de seis años de trabajo duro! —Toadette… —Pero ella le cubrió la boca con la mano. Su voz se volvió nasal mientras respiraba el almizcle de ella. Empezó a sentirse mareado. —Escuchen bien, familia de Minh. —Anunció con audacia—. ¡Si no aceptan que su hija es una de las putas más bonitas, valientes e inteligentes de nuestro reino, yo, la gran y poderosa Toadette, fumigaré cada una de sus casas con mi calzado sudoroso! ¡Mis pies se ponen tan deliciosamente potentes en estas cámaras de olor que he derrotado a mortales con ellos! Minh ya no pudo mantenerle la verga en la boca. Estalló en carcajadas, doblándose. Un chorro de su líquido preseminal le salpicó el sombrero. Toadette finalmente soltó el zapato, dándole a Toad la oportunidad de respirar. Se limpió la cara. —Me sorprende que no te hayan contratado en una quesería —dijo él. —Con todos los trabajos raros que tomé para sobrevivir, tú ni sabes. —Le sacó la lengua—. Podrías haberme estado probando en tu espagueti… Toad se estremeció genuinamente. Minh, mientras tanto, soltó un gemido profundo. Había agarrado el zapato de Toadette y lo olía con intensidad, sus dedos curvándose con cada olida. Después de ahogarse en el tufo, se apartó, riendo como si estuviera borracha. —Quiero lamer esos pies, Toadette. —Gruñó, arañándola juguetonamente—. Déjame ir por ellos. —¡Todavía no! —Toadette le dio un golpecito en la nariz a Minh, luego señaló a Toad—. Vamos a lamerle los pies a él primero. Los ojos de Toad se abrieron de par en par. —¿Qué? Toadette agarró instantáneamente su pierna izquierda. Él trató de contraatacar, pero ella le rompió la defensa, dejándolo sin palabras. Sin dudarlo, le quitó el calcetín. Su pie era perfecto como siempre. No era robusto ni excesivamente masculino; más bien era suave, fuerte y lindo de una manera que le daba un vuelco al corazón. El arco se curvaba hermosamente, y sus dedos redondeados le arrancaron una sonrisa. Quería devorarlo. Comenzó a frotárselo, viendo cómo su expresión cambiaba de sorpresa a placer renuente. Minh sonrió más ampliamente mientras se aferraba a su pie derecho y se posicionaba detrás de sus dedos. Su amplio trasero estaba ahora en plena exhibición, con una sola línea recorriendo sus suculentas nalgas. —Toadette… —Puedes decir mi nombre tantas veces como quieras. —Le guiñó un ojo—. No me va a detener. Le mordió ligeramente el dedo gordo. A él se le cortó la respiración. Mientras desaparecía lentamente más allá de sus labios, Toadette dejó escapar un gemido. Se acercó más, inhalando fervientemente. Sus pies olían mucho más frescos que los de Minh, pero el aroma a loción era mínimo o inexistente. Olía exactamente a lo que había estado ansiando: Toad en su forma más pura, con sudor limpio. Su respiración se aceleró. Se sentía más hambrienta con cada segundo. Minh dio su propia olida e hizo un puchero. —¡Buu! Tenías que usar calcetines, ¿verdad? —Sí, porque yo soy normal. —Seguro, tus pies están más suaves ahora, pero apenas apestan. —Presionó la nariz entre sus dedos, resoplando—. Vamos a tener que atraparte cuando estés completamente empapado. —No puedes simplemente… —Sus palabras desaparecieron al sentir la lengua de Toadette correr arriba y abajo por su pie. Apretó los dientes. Jadeó cuando ella se metió entre sus dedos—. ¿No es mi calcetín lo bastante apestoso para ti? —Por favor, puedo oler tus calcetines a kilómetros. Quiero una olida de la fuente real. ¿Verdad, Toadette? —Miró hacia allá—. ¿Toadette? —Delicioso… —Toadette apretó el agarre mientras se metía el pie más profundo en la boca. Quería más. Sus calcetines estaban empapadas ahora, y no le importaba. —La oíste. —Minh le arrastró la lengua a lo largo de la almohadilla antes de chupársela. Luego trabajó se camino del talón a la punta, lamiendo rápido entre los dedos. El pie de Toad se sacudió, y él soltó una pequeña risita nerviosa. El corazón de Toadette se detuvo. Lo miró fijamente, y sus dedos treparon lentamente por su planta. Él se mordió el labio. Una sonrisa diabólica se apoderó del rostro de ella. Le meneó el dedo por la mitad del pie y le picó el centro. Los dedos de él se curvaron con fuerza y entonces, de repente, su risa estalló. Casi alcanzó el tono de Minh. —¡Se supone que sólo debes lamerlos, tonta! —rió, retorciéndose. —Puedo hacer dos cosas a la vez, bobo. Mira. —Toadette le chupó la planta mientras le rascaba entre los dedos. Toad estaba ahora atrapado entre la risa y los gemidos. Minh le apretó los pechos contra el pie mientras le deslizaba la lengua por las puntas de los dedos. Sus gemidos se hicieron más profundos. Mirándolo a los ojos en varios momentos, le dejó saber quién tenía el control. Le movió el trasero en la cara. Desesperado, él lo manoseó. Bajó la cabeza hasta que le cupieron los cinco dedos en la boca. Se arrugaron y se separaron incontrolablemente. Todo el pie le vibraba mientras él gimoteaba, haciendo sonidos suaves que hacían que los muslos de ambas chicas se apretaran. Para cuando Minh le soltó el pie, él jadeaba salvajemente, y la lengua de ella continuaba humedeciéndolo. Sus ojos se dispararon hacia Toadette. Ella le hacía cosquillas en los lados del pie mientras le mordía los dedos con picardía. Luego aceleró sus dedos. Toad chilló con la verga reluciente saltándole aún más. Las lamidas de Minh entre los dedos combinadas con las cosquillas de Toadette lo sobreestimularon. Miró hacia arriba sin aliento. «Estas chicas están tratando de matarme». Como si fuera una señal, Minh le empujó el pie ya lamido en la cara. Podía oler el aliento de Toadette en él: la confirmación de que los había lamido casi a la perfección. Todavía tenían algunas manchas negras, pero ya no estaban cubiertos de mugre. Los dedos de Minh le presionaron los labios mientras le chupaba el pie, metiéndoselo aún más profundo en su boca. Casi alcanzó la parte posterior de su garganta. Durante un minuto entero, le dio un masaje sutil con la lengua. Toadette volvió a lamerle la planta de arriba abajo como una buena chica. Estaba perdida en ello ahora. Ambas se congelaron cuando oyeron un alarido agudo. A Toad le temblaban los pies. Antes de que se dieran cuenta, Minh sintió una lluvia tibia golpearle las piernas y el trasero. Toadette la sintió en el sombrero y rostro. Y seguía disparando. La verga de Toad disparaba en todas direcciones, eyaculándole sobre el estómago, el pecho y los pies. Estaba sin aliento y completamente agotado. Minh continuó chupándole lentamente los dedos y acariciándole el talón, dejándolo liberar todo el semen hasta que no hubo más que derramar. Toadette se pasó un dedo por la cara, mirando la sustancia lechosa. —Me… ¿Me lo limpias? —le preguntó a Minh, que finalmente se separó del pie de Toad—. Es que… El sabor… —Mejor idea. —Minh chasqueó los dedos—. Toad, hiciste un buen desastre. Sería lindo si nos ayudaras a limpiarlo. Toadette enarcó una ceja. Toad se quedó quieto mientras su verga se ponía menos erecta. —Sabes que es mejor cuando está caliente —cantó Minh, sacudiendo el trasero tembloroso—. ¡Cómetelo! Para gran sorpresa de Toadette, Toad se movió rápido. Le pasó la lengua por el trasero a Minh, lamiendo la sustancia lechosa. Luego se movió hacia Toadette, lamiéndole la cara y los labios mientras esparcía algo del semen dentro de la boca. La pura sorpresa la obligó a tragarlo. En cuanto a lo que le cayó en el cuerpo, Minh estaba en eso. Le lamió el semen de entre los dedos de los pies y de encima del pene, chupando las gotitas que seguían saliendo. Toadette se quedó sentada en silencio atónito, con la cara ardiendo. —¿Primera vez viendo a un chico comerse su propio semen? —preguntó Minh, sorbiéndole el resto de los dedos. —Yo… No creí que estuviera tan ansioso. —No soy tan aburrido, Toadette —jadeó Toad, sonriendo. —Oh, si tan sólo supieras en qué actividades nos metíamos antes, Toadette. —Minh palmeó los pies empapados de Toad—. Muy bien, Toad, no te nos duermas todavía. —¿Por qué no? —Porque Toadette todavía tiene que venirse, ¿no? —Minh le miró los pies cubiertos de nailon—. Y será bastante fácil hacer que lo haga. *** —Eres tan hermosa, Yas… —La voz de Minh era ronca—. Tan sexi… —Gracias, Minh-Minh —ronroneó Yasmín—. Oh… Oh… Cógeme… Me voy a… Yasmín gimió mientras su prima mayor le frotaba el trasero jugoso y sudoroso por todo el cuerpo diminuto. Minh había convertido a Yasmín en su propio sillón; la chica más pequeña apenas podía soportar la pura masa de su trasero. Yasmín chilló de deleite cuando su cabeza se deslizó bajo las nalgas. No dudó en lamer el agujero de Minh con diez veces más pasión de la que le había mostrado a Rachel. —¿Quién es una buena niña? Tú lo eres, Yas. —Minh aplaudió con sus nalgas y dejó que cayeran en cascada sobre la cabeza de Yasmín una última vez; vibraban con los gemidos de la menor. Minh saltó alto en el aire y aterrizó sobre sus pies. Sus poderosos pechos sofocaron la cara de Yasmín, permitiéndole obtener una muestra de esa leche deliciosa. Después de saciarse, Yasmín enredó sus dedos en el cabello rizado de Minh. La miró con adoración, frunciendo los labios. —Eres un bocadillo mejor que cualquier chica con la que podría haber estado —rió Minh, plantando un beso húmedo en los labios de Yasmín. Yasmín sonrió, sus frenos brillando. —No sabes cuánto tiempo he querido hacer esto. —¿Te vas a venir, bebé? —Minh le pasó una mano por la frente a Yasmín—. ¿Te vas a venir para Minh-Minh? Está bien. —No me hagas apresurarme —rió Yasmín sin aliento—. Necesito que dure para siempre… —Yas… —Minh chupó los dedos de Yasmín—. Sólo recuerda, si este bebé resulta ser real, tendrá dos mamis cariñosas esperando verlo. —Mmm… Y por eso eres mi prima favorita de todos los tiempos. ¡Minh-Minh, cógeme! —Yasmín cerró los ojos, esperando a que Minh le metiera un dedo caliente. Y entonces despertó. Movió las piernas, incómoda. Luego se incorporó como un zombi. Se le notó la decepción en la cara. «Chingada madre, cómo la deseo. Sólo quiero cerrar la puerta y lograr que me vea así de verdad. No soy sólo su primita estúpida. ¡Soy más que eso, pero todavía no se da cuenta!». Lo primero que sintió fue una humedad rara entre los dedos de los pies. Hizo una mueca y se los limpió contra las sábanas. —Ha de ser una babosa. No me sorprendería en este lugar. Arrugó la nariz. «Guácala, ¿por qué huele como si tuviera mis pies en la cara?». Ahí se dio cuenta del brazo de Penélope echado sobre su cintura. Penélope roncaba suave, la boca abierta a sólo centímetros de su amiga. Yasmín se la cerró con cuidado. «Créeme, no es nada divertido despertar con la boca seca». Se zafó con cuidado para salir del agarre de Penélope, deslizándose sin despertarla, y caminó de puntitas al baño. Aminí estaba despatarrada en la otra cama, con un brazo colgando por el borde. Después de hacer sus necesidades, Yasmín miró su reflejo en el espejo. La Seta Vital le había curado las heridas, pero los días interminables en el Aguadulce todavía se le notaban en los ojos. Parecían de más de once años, como si fuera una universitaria estresada de la edad de Minh. «Si tan sólo Minh-Minh me viera así. Uf, leyes estúpidas y mierda de lo que es correcto». Se le rugió el estómago. Se presionó una mano contra él, tratando de callarlo. «No le hagas caso, Yas. Llevas años haciéndolo». Más fácil decirlo que hacerlo. Vivir con los padres de Minh el último mes la había malcriado: tres comidas al día y botanas cuando quisiera. Ahora su cuerpo le exigía lo que se había acostumbrado a recibir. El vacío la carcomía, peleando con el otro tipo de hambre: la más oscura, la que sentía por Minh. Volteó hacia la cocineta. El refrigerador de Aminí estaba justo ahí. Pero ya estaba en demasiados problemas por el incidente del avión, y tomar algo sin preguntar se sentía mal. Ya había hecho suficiente de eso en su vida. En vez de eso, se deslizó hacia el pasillo, silenciosa y descalza. «Va a ser rápido». *** Toadette soltó un suspiro gutural cuando el nailon salió de sus pies. Minh se lo llevó de inmediato a la cara, inhalando profundamente. Sus ojos se pusieron en blanco de puro placer mientras saboreaba el almizcle concentrado. —Dios mío —gimió Minh contra la tela—. ¡Son perfectos! Presionó la nariz entre los dedos de Toadette, respirando el aroma crudo y a queso. El aire fresco era celestial para Toadette. Ni siquiera era ella la que tenía que tocarse; los dedos de Toad se encargaban de eso, acariciándole los pliegues mientras ella se reclinaba en éxtasis. —¿Se siente bien? —preguntó él. —Sí… —Abrió los dedos de par en par—. Gracias… Minh arrastró la lengua por la planta. Su propia mano estaba entre sus piernas ahora, los dedos trabajando frenéticamente. —No me canso de tus pies, Toadette —jadeó—. Tu condición de sudor es una bendición, no una maldición. Toadette gimoteó cuando los dedos de Toad le hicieron cosquillas en el clítoris. Lo rodearon con la presión justa. Sus caderas se elevaron de golpe. —Eso es —susurró Toad—. Sabes que no te puedes resistir. Minh se metió el dedo gordo de Toadette en la boca y lo chupó como una paleta. Mientras tanto, su mano libre agarró el otro pie de Toadette, masajeando el arco y amasando el talón. La respiración de Toadette se aceleró. Le temblaban los muslos. —Necesito… Necesito… —¿Qué necesitas? —El pulgar de Toad le presionó más fuerte el clítoris. —Bésalos —rogó—. Minh, bésalos, por favor. —Entendido. —Minh le presionó los labios contra el empeine. Besuqueó el tobillo, el arco y ese punto sensible justo debajo de los dedos. Luego se pasó al otro pie y le chupó tres dedos a la vez antes de plantarle un largo beso en el dedo chiquito. —Sí —gimoteó Toadette—. Ustedes van a… Joder… Toad miró el nailon descartado y luego la cara de Toadette. Agarró uno y se lo puso en la nariz, inhalando a pesar del hedor abrumador. Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero no se apartó. Puso una sonrisa cálida en su rostro y gimió suavemente. —Toady… —A Toadette se le quebró la voz—. Estás oliendo mi… Oh… —Apesta, para que lo sepas —dijo él. Lo sostuvo frente a la nariz de ella para olerlo juntos. El orgasmo fue inevitable. Arqueó la espalda y se salió de la cama mientras los dedos se le curvaron violentamente en la boca de Minh. Gritó mientras el placer recorría su cuerpo. Los dedos de Toad no se detuvieron, trabajándole la cancha y exprimiendo cada último temblor al máximo. Minh gimió alrededor de los dedos arrugados de Toadette y llegó al clímax segundos después. Su flujo manchó las sábanas. —Huele como … Cuando finalmente cedió, Toadette se desplomó en las almohadas, empapada en sudor. —De nada, apestosa. —Toad se quitó el nailon de la cara, tosiendo un poco. —Estuvo increíble. —Minh soltó los dedos relucientes de Toadette, riendo. Los tres se quedaron quietos unos minutos más antes de que Minh finalmente se levantara. —Ay, chingados… Yo no sé ustedes, pero necesito un antojito de medianoche de la máquina expendedora. —Yo también. No puedo llegar arrastrándome a Villa Sombría con el estómago vacío. —Toadette arrastraba las palabras, tropezando mientras se ponía los shorts sin calzones. —Estómago vacío nada. Tienes toda la mugre de los pies de Minh y mi sudor para digerir. —Ya cállate. —Toadette le pegó suave—. Quiero algo dulce. Minh ni siquiera se molestó en ponerse los zapatos. Salió descalza al pasillo, disfrutando el piso frío contra sus plantas húmedas. Toadette la imitó. Al menos Toad tuvo la decencia de intentar ponerse los calcetines otra vez. Minh miró atrás y chasqueó la lengua. —Oye, tienes unos pies bien lindos, Toad. Deberías presumirlos en lugar de tenerlos tapados con calcetines siempre. —Ésa es tu onda. Lo mío es presumir lo fuerte que soy. —Pues tus pies son bien fuertes —se rió Minh—. Me prendería un chingo tenerte parado en mi cara. Todo ese peso… Toda esa presión… —Gruñó de forma juguetona. —Deberías hacerle una pedicura algún día —dijo Toadette—. Si se pone terco, yo lo agarro. —¿Es verdad eso? —advirtió, levantando un dedo. —Relájate, machito. Puedes ponerte esmalte transparente para mantener tu hombría intacta. —Si puedo luchar con Yas para que me deje restregarle esos pies sensibles, definitivamente puedo meterte a ti en una silla, Toad. Mejoraré esos piecitos lindos para que se vean sexiliciosos. Justo cuando Minh dijo eso, dobló la esquina y se quedó congelada. Había una figura pequeña parada frente a la máquina expendedora, bañada en su resplandor. Minh gritó. Otro grito le siguió, más bajo pero igual de asustado. Toad y Toadette corrieron hacia ella. Ahí, frente a Minh, estaba Yasmín con tres bolsas de antojitos apretadas contra el pecho. Hubo un momento de silencio. Los ojos de Yasmín se clavaron en Minh. Su mirada le recorrió lentamente el cuerpo, tomando nota de su cabello despeinado, su cara sonrojada y el sudor aún brillando en su piel. Por fin sus ojos se posaron en sus pies descalzos. —¿Yas? —La voz de Minh salió más tensa de lo normal—. ¿Qué haces despierta? —Me dio hambre. —Yasmín sonaba casual—. No quería despertar a tu amiga o robarle de la cocina, entonces… máquina expendedora. —Yas… —Minh le puso una mano en el hombro—. Seguimos en Villa Viciosa. No puedes simplemente vagar sola. ¿Y si alguien se metiera? ¿Y si…? —Ya no soy una niña chiquita, Minh-Minh —suspiró. —Para mí cualquiera menor de trece sigue siendo una niña, ¿me entiendes? Nomás avísale a alguien la próxima vez, porfa. Yasmín volvió a mirar los pies de Minh. Los observó fijamente por varios segundos antes de hablar. —Tus pies se ven muy bonitos, Minh-Minh. —¿Eh? —Tus pies. —Yasmín se lamió los labios despacio—. Son… sexiliciosos. Ésa fue la palabra que usaste, ¿no? —Eso… —Los nervios de Minh se tensaron—. Eso no es apropiado. —Es un cumplido. —Yasmín inclinó la cabeza—. Estoy usando tu palabra. ¿No puedo ser amable contigo? Minh abrió la boca, pero no le salió nada. Yasmín se acercó un paso más. —Ese día que me hiciste las uñas, ¿creíste que mis pies eran sexis? —Levantó un pie ligeramente—. ¿Te acuerdas del esmalte blanco? Estabas bien orgullosa de cómo quedaron. —Yas… —La voz de Minh se quebró—. Estás… Yasmín subió el pie más alto, dejando que Minh viera toda la planta. Estaba polvorienta de caminar por los pisos de la posada, con líneas tenues de mugre pegadas al arco. Sus dedos se movieron lentamente. Minh no pudo evitar clavar la mirada en el pie, por más que luchara contra el impulso. —¿Y el resto de mí? —La voz de Yasmín se puso más grave. Las bolsas crujieron contra su pecho—. ¿Crees que soy sexi, Minh-Minh? —Tienes once años, Yas. —La cara de Minh se torció—. Y eres mi prima. —Le has dicho sexi a Sofí. Sus tacones, sus vestidos bien caros y estúpidos. —Los ojos de Yasmín se entrecerraron—. Sólo contéstame, Minh-Minh. ¿Soy sexi para ti? —Tranquila, princesa del incesto. —Toadette se interpuso entre las dos, tapándole la vista a Yasmín—. No le hables como si fueran iguales. Porque no lo son. Tú eres una niña. —Dilo otra vez. —La voz de Yasmín se puso fría—. Te reto. —Por favor. Tú no estás para andarme amenazando, mocosa. —De todos modos soy más cercana a ella que tú —murmuró Yasmín. Los pasó de largo—. Ya me voy. No saldré de la posada. Prometido. Había dado tres pasos cuando la voz de Minh la detuvo. —¿Cuánto tiempo llevas escuchándonos, Yas? —¿Por qué? —Yasmín miró por encima del hombro. —Tu prima estaba hablando de cosas privadas. —El tono de Toad era firme—. De nuestra búsqueda. Si escuchaste algo, cualquiera pudo haber escuchado a través de estas paredes. Yasmín parpadeó. Un sudor frío le corría por la frente a Minh. —Escuché algo sobre amarrarlo y que harían que sus pies se vieran femeninos, capitán. Es todo lo que recuerdo. O más bien, es todo lo que me importó recordar. —Miró a Minh una última vez—. Mmm… —Yas. —Minh achicó los ojos—. ¿Qué estás haci…? Las manos de Yasmín agarraron la nuca de Minh y le jalaron la cabeza hacia abajo. Antes de que Minh reaccionara, Yasmín le estrelló los labios contra los suyos. —Yas, basta… —Los ojos de Minh se abrieron como platos. Quería empujarla, pero el shock la dejó paralizada. Yasmín metió la lengua más allá de los dientes de Minh, invadiendo su boca con un hambre posesiva. Minh gimoteó. Yasmín profundizó el beso. Mientras babeaba y escupía en la boca de su prima, atrapándole la lengua, su mano se deslizó del cuello de Minh hacia abajo. Bajó por sus curvas hasta agarrarle un puñado del trasero a Minh, apretando con fuerza. Minh tembló. Toadette se llevó la mano a la boca, como si estuviera a punto de vomitar. Toad simplemente miraba incrédulo mientras negaba con la cabeza. Yasmín hizo un ruido extrañado mientras exploraba la boca de Minh. «Qué raro… Esta vez sabe más salada… Seguro comió algo antes y me lo perdí». Tras un buen rato de lenguas enredadas, Yasmín por fin se apartó, dejando la cara de Minh ardiendo de vergüenza. —Minh-Minh… Te amo. —Se fue, dejando a Minh mirando el pasillo vacío, con un tic nervioso en el ojo. Cuando ya no se oyeron sus pasos, Minh comenzó a escupir y limpiarse la boca. —¿Minh? —Toadette le tocó el brazo con suavidad. —¿Cómo iba a saber que andaba aquí afuera? —susurró Minh sin parpadear—. Platicar de mi vida con extraños en un lugar lejano es una cosa; se les olvida mi cara al día siguiente. ¿Pero Yas? —Está tan metida en su mundo que seguro sólo escuchó lo de la pedicura. —Al menos no dijiste nada de lo que acabamos de hacer —rió Toad entre dientes—. Hubiera sido mucho peor. —Necesitas controlar a esa chica —dijo Toadette—. Sé que odias cómo le digo, pero dime que no te da un miedo horrible. —A los dos nos da miedo —soltó Toad, frunciendo la cara—. ¿Cuándo te vas a dar cuenta de que la forma en que se porta contigo no es normal? —Está entrando a la pubertad, ¿sí? —Minh alzó la voz a la defensiva—. Obvio que va a estar rara. Está confundida, nada más. Sólo… confundida. —A veces la gente confundida necesita ayuda profesional —murmuró Toadette. —No necesita… —Minh negó con la cabeza—. ¿Puedes dejar ese apodo? ¿Por favor? Ya pasó por suficiente. No conoces la vida que ha tenido esa niña como la conozco yo. —Está bien. Sólo me preocupa lo que pueda hacer si sigues dejando que te pase por encima. —Toadette metió una moneda en la máquina expendedora—. Y sí, lo dije con doble sentido. Minh se quedó mirando el pasillo vacío un momento. Dejó salir un suspiro que le temblaba. —Puedo con ella —suspiró—. Ahora sólo consígueme cinco bolsas de Caramelos Estrella. Necesito el azúcar ya. ---------- Nota del autor: Y con esta nota cargada de sexo, éste será el capítulo final de La Historia de Toadette por el 2025. Sirve como un buen punto de descanso antes de adentrarnos en el arco de Villa Sombría. Diría que el año ha tenido un buen recorrido, con un calendario mayormente constante y cincuenta y dos capítulos publicados. Reanudaremos en algún momento de enero, así que revisen cada sábado para estar seguros. Sin embargo, tengo la intención de seguir publicando específicamente el 17 de enero. Gracias por todo su apoyo. |